Antes, la gente decía en las encuestas que veía documentales de La 2 y ahora dice que ve la Super Bowl. En la izquierda, de pronto, la cogen con algo, y ahora el que no vio el intermedio del partido es un paria. Yo tenía entendido que el fútbol americano era la droga del cochino imperio yanqui, un circo propio de tipos desnaturalizados, hormonados y violentos, con espectadores hartos de nachos que no sabían dónde estaba Groenlandia y llevaban la camisa de cuadros manchada de aceite del taller y un goterón de pis en el pantalón de beber tanta Bud. Y resulta que era el faro de Occidente. Habrá que ponerse de acuerdo en si los gringos son buenos o malos para el proletariado.
Yo prefiero mil veces el 'Barras y Estrellas' en un estadio de Texas, con muslos de animadoras, 'majorettes' y soldados que le dan una sorpresa a la mujer al volver de la guerra, antes que un desfile de armas nucleares con trasunto fálico-balístico en Pekín. Llamadme loco.
En una réplica a Vox, Patxi López, que no es Demóstenes, cita a Bad Bunny cuando dice que lo único más fuerte que el odio es el amor. Teniendo a santa Teresa de Ávila para hablar del perdón, Patxi me preguntó si tengo muchas novias, que es lo que canta Bad Bunny, o eso parece. El político, que ahora te da discursos sobre el amor -declamaciones enchispadillas como las de Zapapatero; esto es como salir por el aparcamiento de una sidrería de Astigarraga un domingo a las cinco y media de la tarde-, flipa con la estrella de la canción porque defiende el español en el mundo, aunque te lo cite en inglés.
En el PSOE ahora te sacan a Rosalía, a La Pija y la Quinqui, a Intxaurrondo, a Broncano y a los cantantes de pupumpumpá como referencias de una democracia que ha quedado reducida a un aparataje de mulatas perreando como mamachichos revisitadas y letras frente a las que el Fary es Jacques Brel. Si Txeroki es un ciudadano inocente, cualquier cosa puede suceder.
Yo creía que la cultura latina eran Séneca, Ovidio y Virgilio, y aparecieron unas morenas haciendo twerking y cantando letras que, después de oírlas, te apetece ducharte con jabón Lagarto. La degradación de la civilización es política, moral, estética y, por supuesto, musical. ¿Cómo van a defender estos paisanos la cultura latina y el español si no se les entiende? Cantan como si se hubieran metido en la boca un flamenquín hirviendo. Da cosa que la cima de Occidente sean unos tipos a los que, cantando en español, hay que ponerles subtítulos y que todos tengan acento de Puerto Rico aunque sean de Valladolid.
Como imperio cultural venimos de fray Luis de León, pasamos por Serrat y hemos llegado a un tipo que balbucea y baila como si fuera un simio pornógrafo en una inversión antropológica que no se la salta un profesor de la Ivy league. Si esto es la cultura popular, es que el pueblo se equivoca.