Se retiró en 2017, con 33 años, en el West Ham, y enseguida se puso a las órdenes de Florentino Pérez para crecer dentro del club. Primero fue nombrado embajador de la Fundación y pronto comenzó a trabajar como entrenador en las categorías inferiores. Desde 2020 su ascenso ha sido meteórico: infantil, cadete y Juvenil A hasta llegar al Castilla en junio de 2025, en sustitución de Raúl.
En los siete meses escasos que ha estado al frente del filial, su equipo ha dejado luces y sombras. El Castilla es cuarto en el grupo I de Primera RFEF, en puestos de playoff de ascenso tras sumar diez victorias, un empate y ocho derrotas en las 19 primeras jornadas. Cuatro de esas derrotas llegaron de forma consecutiva en septiembre y marcaron el punto más bajo de su trayectoria. Después logró reaccionar, aunque su despedida ha sido amarga: un 4-1 en contra ante el Arenas Club.
Un salto de varios escalones
Ahora se le presenta un reto mayúsculo, obligado a un salto monumental, pues no cuenta con experiencia previa en los banquillos ni en Primera ni en Segunda. Mucho menos en el ámbito europeo. Durante su etapa como futbolista trabajó con un total de trece entrenadores de perfiles muy distintos, entre ellos los dos con los que coincidió en los 56 partidos que disputó con la selección: Luis Aragonés, con quien ganó la Eurocopa de 2008, y después con Vicente del Bosque, con el que participó de forma residual en el mayor éxito de España, el Mundial de 2010 (solo jugó 13 minutos en la fase de grupos, ante Honduras).
En el Madrid, donde llegó a debutar con Vanderlei Luxemburgo en la temporada 2004-05 antes de marcharse, tuvo en Mourinho a su principal valedor, el técnico que más confió en sus condiciones. Con el tiempo, él mismo se ha reconocido admirador del portugués, más en lo personal que en lo futbolístico. «Le considero un amigo. Fue un entrenador con el que aprendí, disfruté y trabajé como un animal, y con el que no paras de reír porque tiene mil anécdotas. Es un tipo sensacional y de los que merecen la pena. Me ha marcado mucho», decía en una entrevista en 2020.
Del portugués ha absorbido buena parte de su librillo. Verticalidad ofensiva, normalmente a partir de un 4-3-3 y solidez defensiva en base a una máxima que explicó en 'The Coaches Voice': «La idea es maximizar las ocasiones de gol en un partido y minimizar la de los contrarios». Su rol como líder también tiene como base a Mourinho. En el Madrid pretende convertirse en el ejemplo a seguir en cuanto a exigencia. «Dar el máximo cada día», en sus propias palabras.
Contra todo y contra todos
Aquella etapa feliz junto a Mourinho fue también la más convulsa. En el enfrentamiento casi público entre el luso y Casillas, Arbeloa tomó partido por el técnico. También lo hicieron Diego López, ahora su segundo, y Xabi Alonso, que era —y es— uno de sus íntimos amigos. Hubo momentos en los que el vestuario blanco quedó partido en dos, con cruces directos entre el guardameta y el defensa a través de las redes por el compadreo del primero con la prensa y su falta de defensa a la plantilla pese a ser el capitán. «Mourinho se ha partido la cara por el Real Madrid y se va muy decepcionado con algunos jugadores», llegó a decir Arbeloa tras la marcha del portugués.
Después, esos conflictos se trasladaron a la selección, el espacio donde los internacionales del Real Madrid y del Barcelona resolvían sus disputas. Fue sonado su encontronazo con Gerard Piqué en 2015, iniciado tras las burlas del azulgrana por la alineación indebida de Chéryshev en la Copa del Rey que eliminó al Madrid. «Algún día veré al amigo Piqué en El Club de la Comedia», le lanzó Arbeloa. «Dice que es mi amigo, pero solo es un conocido. Cono...cido, ¿vale?», respondió el culé, aludiendo a uno de los motes con los que se criticaba la falta de movilidad defensiva del salmantino.
Ya como entrenador no ha perdido ese carácter indómito y guerrero. Uno de los primeros episodios que se le recuerdan en el banquillo fue su encontronazo con Fernando Torres durante los cuartos de final de la Copa de Campeones juvenil entre Real Madrid y Atlético, en mayo de 2023. La tensión entre antiguos compañeros de selección se desató tras la victoria blanca, con una celebración fuera de tono del técnico madridista que derivó en empujones e insultos. Entonces se deslizó que Arbeloa pudo ser quien convenció a Florentino de romper el pacto de no agresión entre ambos clubes en la captación de canteranos. Desde su llegada a las categorías inferiores, varios jóvenes rojiblancos han puesto rumbo a Valdebebas.