Ahora no lo niega, sólo dice no saber qué pasó, incapaz de ofrecer una explicación coherente ante la muerte violenta de quién había sido su compañero sentimental, a cuyo piso se había mudado en febrero. Cuando, días después del suceso, la familia de la víctima acudió al inmueble, encontraron las sábanas de su cama manchadas de sangre y también salpicaduras en la lámpara de la mesilla. En un cajón de la cómoda, había cuatro cuchillos con corazones blancos y negros. También medicación para el dolor, detalló su hermana Marta. «Estaba todo desordenado, también restos de comida». Durante las tareas de limpieza del inmueble, localizaron además unas notas manuscritas de Aleix, en las que parecía autoflagelarse. «Eran frases cortas: 'No comer a escondidas'. 'No mirar a los ojos de la gente cuando me habla'. Cosas de ese estilo», apuntó.
Montserrat y Aleix habían mantenido una relación sentimental en 2021, que duró sólo unos tres meses. El idilio terminó por la forma en que ella lo trataba, algo de lo que estaba al corriente la familia del hombre. Dos años más tarde, cuando él pretendía volver con Yolanda, su exmujer y madre de su hijo, la aspirante a 'mossa' reapareció en su vida y ahí comenzó su declive. Amenazas, vejaciones, maltratos y lesiones por los que fue atendido hasta en cuatro centros sanitarios. Nunca pidió ayuda. Para tratar de justificar las heridas de Aleix, Montserrat habló ayer al tribunal de 'bondage', práctica sexual que, detalló, puede ejercerse con diferentes niveles de intensidad: «Puedes poner las manos detrás de la espalda y arrodillarte, o darte azotes y latigazos e incluso colgarte de tres metros, depende de los límites que quieras poner», ilustró. Aseguró que ambos habían acudido a clubs de intercambio de parejas, y que las heridas de Aleix podían deberse a encuentros de los que ella no tenía conocimiento, o a accidentes. Si bien cuando ella preguntaba, él, aseguró, se negaba a darle detalles.
Clima de terror
Así intentó dibujar a una víctima con una vida caótica, marcada por una supuesta adicción a las drogas, y que buscaba en ella una «madre que lo castigase cuando hacía las cosas mal». Una «relación tóxica» de la que Montserrat entonces no fue consciente, aunque sí lo es ahora. Ese ha sido su relato, pero tanto los investigadores como las acusaciones sostienen lo contrario. De hecho, avanzan, serán las grabaciones de la propia acusada, recuperadas de sus teléfonos, las que demostrarán, cuando se practique la prueba, el clima de terror bajo el que tenía sometido a Aleix.