La aspirante a 'mossa': «No recuerdo coger el cuchillo, ni clavárselo, ni lavarlo»

Según la mujer, aquella fecha Aleix había bajado a por tabaco, mientras ella se «pasaba un agua», antes de arrancar hacia Berga, donde habían alquilado una casa para pasar la Semana Santa con él hijo de él, de entonces 9 años. «Fui a la ducha y al salir me lo encontré en el pasillo. Le levanté el jersey y vi que tenía una agujero en la barriga», ha asegurado. A preguntas del fiscal Manuel Sancho, la acusada ha apuntado que la noche anterior la víctima había «consumido porros y coca», pero el representante del Ministerio público ha frenado a Montserrat. «En la autopsia no hay ni un sólo tóxico».

Montserrat, que tampoco recuerda en qué momento salió del cuarto de baño, sostiene que Aleix la llamó desde la puerta de la cocina, porque «quería fumar». Fue entonces cuando, según su relato, se acercó, le levantó la camiseta y le vio «el agujero». «¿No le preguntó que le había ocurrido?», ha preguntado el fiscal. «No me contestó, solo me decía que quería fumar». Después llamó a Emergencias, y le colocó una bolsa de hielo sobre la herida. La sanitaria que la atendió al teléfono le dijo que buscase una toalla para taponar la herida, pero, según Montserrat, pese a haber salido de la ducha hacía unos instantes, en ese momento no encontró ninguna.

Según ésta, en aquel momento no vio sangre en la víctima. «Cuando le pongo el hielo siento como si escupiera y se le abre la herida», ha relatado, y esa fue su actuación hasta que llegaron los sanitarios y los Mossos d'Esquadra. Aleix murió poco después por la puñalada en el corazón -según detalló ayer la acusación pública, «de precisión quirúrgica»-. Montserrat entonces apuntó a un posible suicidio o a la actuación de un tercero. Los investigadores de Homicidios sospecharon de ella desde un primer momento y, tres meses después, den julio de 2023, la detuvieron por el asesinato.

Montserrat, que aseguró tanto a la víctima como a parte de su entorno que opositaba para entrar en el Cuerpo de Mossos -cuando en realidad sólo estaba en un grupo de Telegram de aspirantes-, también ha negado el clima de sometimiento y terror al que las acusaciones creen que sometió a Aleix. Entre otros, apuntando que su relación «no era normal» y que es algo que ahora sí puede ver, pero no entonces. Ha sostenido así que la víctima, con quien ya había mantenido una relación en 2021, insistía en que ella ejerciese «como madre, pidiéndole que lo castigara y riñera si hacía algo mal», y en acudir a clubs de intercambio de parejas. También ha desgranado que practicaban 'bondage' y, con esa prácticas eróticas ha tratado de justificar las lesiones que él tenía y por las que también está acusada. «Son sesiones en las que puedes poner las manos detrás de la espalda y arrodillarte, o darte azotes y latigazos o incluso colgarte de tres metros, depende de los límites que quieras poner», ha ilustrado.

Aleix acudió en al menos cuatro ocasiones a sendos centros médicos por lesiones. Una en el pabellón auricular izquierdo, y también por una infección grave en un brazo. Según la acusada, éste no le daba ninguna explicación de cómo se habían producido las heridas, y tampoco quería ir al médico. Para una de ellas, una herida en la cabeza por la que necesitó un vendaje, ha asegurado que se produjo tras un viaje del hombre a Andorra con un matrimonio amigo y una «caída en bici».

Lo cierto es que, pese a que Montserrat borró el contenido de su teléfono, los investigadores han podido recuperarlo. En este almacenaba grabaciones en las que se escucha como insulta y amenaza a la víctima. Ella asegura que era un 'juego' que interpretaba porque Aleix así se lo había pedido, a lo que el fiscal ha inquirido: «Si lo grababa todo, como dice, para evitar tener problemas, ¿por qué no hay un sólo vídeo en que se vea que fue él quién se lo pidió? Lo primero que tenía que haber grabado es el consentimiento».

Como a lo largo de todo el interrogatorio, la acusada, ataviada con camiseta de manga corta amarilla y el pelo recogido en una trenza, se ha ido por las ramas. Ante la insistencia del representante del Ministerio público ha admitido: «No puedo contestar, grababa lo que yo hacía». También ha negado haber sometido al mismo maltrato a varias de sus exparejas, hombres y mujeres y, sobre la grabación en la que amedrenta a Aleix con contratar un sicario para matar a su hijo ha defendido que lo hizo «para ayudarlo», cuando él no hacía las cosas bien -«Cada vez que fumábamos un porro, o se metía una ralla, me decía 'nadie me quiere', 'nadie me escucha' y me pedía a mí que le ayudará»-. «¿La forma de ayudarle era decirle que contraría a un sicario para matar a su hijo?», ha ironizado Sancho. «Ahora veo que no, pero en ese momento sí».

Montserrat ha tratado de encuadrar la amenaza en una suerte de «juego» macabro por la relación que tenían en ese momento. «Por muy raro que usted lo vea desde fuera, yo hoy puedo verlo, pero en ese momento éramos totalmente tóxicos y no éramos conscientes». Así, ha proseguido relatando la mala vida que llevaban, acostándose y levantándose tarde, con consumo de sustancias de por medio. Lo cierto es que Aleix, trabajador de Seat, llevaba ya dos meses de baja por su afectación psicológica. Se había distanciado de su familia y amigos, y salía de casa tapado para ocultar las heridas que tenía en brazos y cabeza.

La Fiscalía pide para la acusada 34 años de prisión, mientras que la acusación particular solicita prisión permanente revisable. El representante del Ministerio público sostuvo ayer, durante su primera intervención ante el tribunal popular, que este es un caso excepcional por «el grado de crueldad desplegado por parte de la acusada hacia el fallecido». Así, apuntó: «Les garantizo que las pruebas demostrarán que actuó con una crueldad y una maldad que nunca hemos visto. Mató a Aleix, pero antes había acabado con él, a nivel mental, psicológico, emocional y familiar. Tenemos pruebas de esta crueldad inhumana y extraordinaria ejercida por esta señora» que «ejercía un control absoluto» sobre Aleix y por eso él «llegó a autorizar que un sicario matase a su hijo de 9 años si no obedecía sus órdenes absurdas».

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