El Gobierno llevaba preparada una estrategia de deslegitimación a la Cámara Alta, acusando a los populares de instrumentalizarla para sus intereses, y ha tratado de esquivar las responsabilidades políticas que se le imputan, endosando las pretéritas del PP con las que ya ajustó cuentas en la moción de censura. El desprecio al Senado no es nuevo, Sánchez lleva más de 19 meses sin someterse al control de la oposición y volvió a hacer una exhibición de cuestionamiento de la misma, calificando en numerosas ocasiones de «circo», de «comisión de difamación», «comisión de frustración» y hasta «de la crucifixión» (portavoz del PSOE sic.) la sesión de investigación del caso Koldo. Sánchez agradeció también en tono irónico, hasta en tres ocasiones, la «imparcialidad» de la Presidencia de la comisión.
A las palabras del presidente, que fueron trufando toda su comparecencia, le siguió una ola de reacciones públicas y en redes sociales de ministros y cargos socialistas, cuestionando -lo que consideran- la instrumentalización del PP del Senado. «No les importa arrastrar las instituciones democráticas por el barro», abrió fuego el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, que, por protocolo, fue uno de los tres acompañantes que acudieron a apoyar a Sánchez en el Senado.
Esta calificación mereció el reproche de algunos de los socios del Gobierno, que llegaron a afearle que «su actitud sonriente durante la sesión ayudan a crear esa sensación de circo». El presidente mantuvo un tono relajado durante el interrogatorio de sus socios: carcajadas, ironía y bromas con algunos portavoces, como cuando corrigió a la portavoz de Más Madrid, Carla Antonelli, por utilizar la expresión «queda Gobierno de coalición para rato». «Mejor diga para largo, porque para rato... recuerda a Rato, ya sabe, el 'milagro económico del PP'», dijo, entre risas.
No fue el clima de toda la sesión. Sánchez dispensó un tono diferente a los aliados y a la oposición, especialmente bronco y farragoso con el portavoz popular, Alejo Miranda de la Larra. Con continuas interrupciones para enfangar el debate y con respuestas inconcretas. Fueron los socios, que también se jugaban su crédito en esta comparecencia, en la que no podrían proyectarse como cómplices de la presunta corrupción del PSOE, los que obtuvieron respuestas sobre la relación con Víctor de Aldama, los trabajos de Leire Díez para el partido, la pésima selección de personal con Ábalos y Cerdán o por el vínculo con Koldo García y la relación de Begoña Gómez con el rescate de Air Europa. Todas ellas, eso sí, para negar cualquier implicación o ilegalidad por su parte, la de su entorno y la de su partido.