A pesar de ser uno de los principales interrogadores de la comisión, es un senador muy desconocido. Eso para algunos dirigentes del PP podía jugar en su contra a la hora de sentarse de tú a tú con Sánchez. En Génova, de hecho, plantean el envite como un «David contra Goliat« poniendo en valor que »un senador raso« se siente a hacerle a Sánchez »todas las preguntas que no deja que le hagan ni los periodistas«.
Hay otros miembros del PP en cambio, que siempre vieron como positivo el hecho de que fuera un rostro poco reconocible. Entendían que eso evitaría que su propio perfil acaparara el foco. «Esto va de arrinconar a Sánchez. Dejarle en evidencia, que se ponga nervioso, que dude. Y no necesariamente se necesita a una cara tan conocida», reflexionaban. En las filas populares aseguran que es «muy rápido», que tiene «reflejos» y que, sobre todo, es «muy minucioso y directo» en sus intervenciones.
De hecho, en el PP consideran que si un senador muy conocido o polémico se ponía frente al presidente, la comparecencia podía terminar en otro debate distinto. El caso de Alfonso Serrano, por ejemplo, implicaría hablar de Isabel Díaz Ayuso. O si intervenían senadores que estuvieron con Mariano Rajoy, le darían una baza al presidente para hablar de la corrupción ajena.
Miranda de Larra trabajó durante siete años como director general de Infraestructuras Sanitarias en la Comunidad de Madrid y está considerado como uno de los ideólogos del Hospital Zendal, proyecto estrella de Ayuso en la pandemia. Y estuvo muy enfermo con coronavirus, como él mismo le dijo al presidente con el inicio de su comparecencia: "Estuve muchos días en la UCI".