Y el hombre que se enfrenta este miércoles a tal reto es Lars Lokke Rasmussen, el ministro de Exteriores danés, que dispondrá de aproximadamente una hora en la agenda del vicepresidente J.D. Vance y del secretario de EstadoMarco Rubio para convencer a la Administración estadounidense de que no es necesario que su país se haga con Groenlanda.
«No podríamos haber enviado a un mejor negociador», asegura Hans Engell, analista político del medio danés 'Ekstrabladet', para quien «no es posible encontrar otro político danés de alto nivel más fuerte y mejor preparado para manejar la conversación en la Casa Blanca. Lars Lokke ha demostrado que, a pesar de todos sus prejuicios, debilidades, tonterías, su humor y sus rarezas, es una estrella cuando se sienta a una mesa de negociaciones, ya sea en Copenhague, Bruselas o Washington».
Lars Lokke Rasmussen creció en Graested, en el norte de Selandia, un entorno pequeño muy comunitario que marcó su estilo político directo y cercano. Está casado con Sólrun Lokke Rasmussen, de origen feroés, con quien tiene tres hijos, lo que supone un vínculo directo y personal con uno de los territorios autónomos de Dinamarca.
Seguramente, este miércoles saldrá a correr en la capital de Estados Unidos. Corre maratones y, en varias entrevistas a lo largo de su carrera, ha confesado que lo hace antes de reuniones importantes y que le «ayuda a pensar mejor antes de negociar». También ha dicho varias veces que prefiere las negociaciones discretas, sin cámaras, donde puede «leer» a la otra parte. Su estilo es directo, poco teatral y muy orientado al acuerdo.
Lokke es famoso por su capacidad de sobrevivir políticamente. Ha caído, ha vuelto, ha fundado un nuevo partido –Moderaterne– y ha regresado al Gobierno. En Dinamarca se dice que es «el político que nunca se rinde» y es conocido por su ironía y por bromear sobre sí mismo, incluso en momentos tensos.
Es capaz de salir exitoso de un embrollo gracias a su sentido del humor. En 2014 se vio envuelto en una polémica por gastos de viajes y ropa pagados por una fundación vinculada a su partido. La prensa danesa lo persiguió durante semanas y terminó compareciendo con un tono mezcla de disculpa, chispa y socarronería que, paradójicamente, reforzó su imagen de político resistente.
«Estados Unidos necesita Groenlandia para su seguridad nacional. Es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo»
Donald Trump
Presidente de EE.UU.
Viaja sólo con una maleta sorprendentemente pequeña, exclusivamente equipaje de mano, porque está convencido de que «si necesitas más de dos camisas, estás demasiado tiempo fuera para negociar bien». Ha aterrizado en Washington dispuesto a hacer prevalecer que Groenlandia «no está en venta» y que cualquier intento de anexión «violaría el derecho internacional», frases que el año pasado hizo virales en Dinamarca y reforzaron su imagen de defensor firme de la soberanía danesa.
Llega dispuesto a negociar acuerdos de Defensa inscritos en el marco de la OTAN y a posibilitar y facilitar todo lo que Estados Unidos quiera hacer en materia militar en Groenlandia. Mostrará también su disposición a acuerdos económicos que favorezcan a empresas estadounidenses en la explotación de las materias primas de la isla ártica, pero sus líneas rojas son la soberanía nacional danesa y el Derecho Internacional.
Sus colaboradores destacan que sabe adaptarse rápido y adoptar posturas pragmáticas. A pesar de su reconocido gusto por la cerveza danesa y por el «hygge», ese estilo de vida relajado y social propio de los países nórdicos, con conversaciones informales y sin protocolo, este miércoles pisará con soltura la moqueta del edifico Eisenhower de la Casa Blanca, donde tendrá lugar la reunión en la que se decide el destino de Groenlandia.
Trump calienta la visita
El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha publicado un comunicado en su red social, Truth Social, donde ha calentado la visita de las delegaciones danesa y groenlandesa a la Casa Blanca. En el mensaje ha calificado de «vital» para la disuasión de Rusia y China: «Estados Unidos necesita Groenlandia para su seguridad nacional. Es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo. La OTAN debería liderar el camino para que la consigamos. Si no lo hacemos, Rusia o China lo harán, ¡y eso no va a suceder!».
Trump ha añadido que EE.UU. es el principal baluarte de la Alianza Atlántica: «Militarmente, sin el vasto poder de Estados Unidos, gran parte del cual construí durante mi primer mandato y que ahora estoy elevando a un nivel nuevo y aún más alto, la OTAN no sería una fuerza eficaz ni disuasoria, ¡ni de lejos! Ellos lo saben, y yo también. La OTAN se vuelve mucho más formidable y eficaz con Groenlandia en manos de Estados Unidos». Y sentencia: «Cualquier cosa menos que eso es inaceptable».