Trump, implacable en el extranjero, trata de ganar en el gran frente doméstico: el coste de la vida

Este martes, en Detroit, alardeaba que sus intervenciones militares hasta ahora por todo el mundo han sido «sin fallo». Pero Trump no estaba en la principal ciudad de Michigan, en 'Motown', la ciudad de la industria del motor, uno de los bastiones industriales del país, para defender su gestión exterior.

Viajó hasta allá como parte de una batalla menos espectacular que la de raptar a un dictador en su casa, pero mucho más decisiva para sus votantes: combatir el coste de vida, un asunto central para los estadounidenses.

En Detroit, Trump ofreció un discurso contradictorio. Por un lado, alardeó de una economía disparada, «que ha pasado de tener los peores números de siempre a los mejores y más fuertes». Confirmó, como siempre repite, que, gracias a su gestión, EE.UU. ha pasado de estar «muerto» a ser «el país más atractivo del mundo».

Sin embargo, anunció una batería de medidas para combatir una realidad de la que él no habla: la mayoría de los estadounidenses sienten que ese 'boom' económico no les llega a ellos. En la última encuesta de 'Fox News', de diciembre del año pasado, solo el 39% aprobaba la gestión económica del presidente, la que debía ser una de sus fortalezas, la que, en buena medida, permitió su regreso a la Casa Blanca.

La realidad económica de los estadounidenses

Trump alardeó de que la economía de EE.UU. crece por encima de lo previsto y que este año se han encadenado récords en la bolsa. Todo eso es cierto. Pero también confirmó que la inflación, lo que de verdad come los bolsillos de la mayoría de los estadounidenses, «ha sido derrotada». Es más un deseo que una realidad.

«Heredamos la peor inflación de la historia de nuestro país», señaló Trump, añadiendo que «ahora está mucho más baja». Poco antes de su viaje a Michigan, se conoció el dato de inflación de diciembre: el 2,7%. Es decir, muy poco por debajo del último mes del mandato de su antecesor Joe Biden. El de enero del año pasado estuvo en el 3%, después de haberse disparado hasta el 9% en 2022.

Los datos de evolución de precios para diciembre muestran una inflación pertinaz, que no ha bajado de ese 2,7% desde junio, con buenas noticias en algunos consumos y productos –como la gasolina y los coches usados–, y malas en otros, como la comida y los restaurantes. «Los precios de la alimentación están empezando a bajar con rapidez», llegó a insistir el mandatario norteamericano, frente a una realidad que muestra lo contrario.

La contradicción asomó por completo cuando Trump insistió en que es una «estafa» de los demócratas la 'affordability' (la asequibilidad), el coste de vida alto, el asunto que ha dominado las elecciones del pasado otoño y que apunta a hacer lo mismo en las legislativas de este año.

El paquete de medidas de Trump

Pero, acto seguido, enumeró todas sus propuestas para rebajar ese coste de vida. Es algo que ha concentrado buena parte de sus políticas en el comienzo de este año, pese a que la atención ha estado puesta en sus acciones en el exterior.

Algunas son de corte progresista, que podrían firmar muchos demócratas: ha anunciado que vetará la compra de casas unifamiliares a fondos de inversión; ha asegurado que tiene un plan para rebajar el coste del barril de petróleo a 50 dólares; ha prometido que el Estado comprará 200.000 millones de deuda hipotecaria para rebajar los costes inmobiliarios y ha exigido a las entidades financieras un tope del 10% en los intereses a las tarjetas de crédito.

Y vienen más propuestas: esta misma semana anunciará un plan para reducir los costes de los seguros médicos y de los precios de los medicamentos. Y, en su visita de este mes a Davos (Suiza) en el contexto del Foro Económico Mundial, presentará una propuesta sobre vivienda asequible.

La andanada de planes y mensajes económicos llega a poco más de una semana del primer aniversario del regreso al poder de Trump. Entonces, prometió ser un presidente «de paz», que no iniciaría conflictos, sino que los resolvería, y que procuraría una «edad dorada» para los estadounidenses. Algunos éxitos en ambos sentidos son indudables, como el acuerdo de alto el fuego conseguido en Gaza, y los buenos números macroeconómicos.

Pero EE.UU. llega a la fecha con buena parte de la atención del presidente puesta en otros países, mientras que muchos sufren para llegar a fin de mes o pagar un alquiler o una hipoteca. Y Trump sabe que, si no logra progresos, los demócratas ganarán poder en el Congreso el próximo otoño.

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