La izquierda olvida el milagro extremeño y regresa a la convulsión en Aragón

Después de un periodo fratricida de aproximadamente dos años y medio que arrancó con el divorcio parlamentario de Sumar y Podemos —o, mejor dicho, de Yolanda Díaz e Irene Montero e Ione Belarra—, la candidatura de Unidas Por Extremadura obtuvo más del 10 por ciento del voto y siete escaños en los comicios del pasado 21 de diciembre, que dieron el pistoletazo de salida al nuevo ciclo electoral. La coalición integrada por Podemos e IU, junto con Alianza Verde, encabezada por la candidata morada, Irene de Miguel, duplicó su representación en la Asamblea extremeña.

El tándem Belarra-Montero —y por qué no decirlo, también Pablo Iglesias— se anotaba el tanto, regocijándose de haber logrado su mejor resultado tras orillar a todo lo que tuviese relación con la vicepresidenta segunda, rompiendo así la tendencia a la baja que la izquierda estatal lleva cosechando desde las gallegas de 2024 (pese a que el espacio se hundió al mínimo histórico en la región tras la debacle del PSOE y su exsecretario general, Miguel Ángel Gallardo, acusado por la presunta contratación irregular del hermano de Pedro Sánchez). El resultado corroboraba su tesis: «Todo lo que lideramos nosotros funciona. Cuando Podemos capitanea, todo va bien», se jactan fuentes de la formación.

La maquinaria estaba en marcha. Los de Belarra y Montero estaban convencidos de que la nueva era de Unidas Podemos y, sobre todo, el destronamiento de Díaz, serían solo cuestión de tiempo. Pero Extremadura ha vuelto a ser un espejismo en el mapa. No dio tiempo a que transcurriera ni una semana cuando saltaba la noticia de la separación de que la llamada izquierda alternativa volvía a fracasar en su enésimo intento de unidad y se dividía en tres listas en Aragón —la de Podemos, la de Chunta Aragonesista (CHA) y la de Sumar e IU, que concurrirán en coalición— a la que se añade una cuarta, la de los socialistas, encabezados por la que fuera ministra portavoz Pilar Alegría. Una separación del voto progresista que puede acarrear que gran parte del mismo se quede sin representación el próximo 8 de febrero.

En cualquier caso, IU, que ya hace tiempo se volvió la pieza más codiciada de todo el puzle —son la única organización de todo el ecosistema que habita a la izquierda del PSOE que, a diferencia de Sumar y Podemos, no solo existe a nivel territorial por todo el país, sino que cuenta con un fuerte arraigo en comunidades como Andalucía o Asturias—, desmoronó la estrategia de condena a la irrelevancia de Sumar de Podemos y apostó por volverse a arrimar al pequeño partido de la ministra de Trabajo en Aragón al igual que ha hecho en Andalucía o Castilla y León, si bien en esta última los de Antonio Maíllo han pospuesto su consulta interna sobre su coalición con Sumar y Verdes Equo para atraer a los morados.

Podemos quiere liderar todo

A la exigencia de la cúpula nacional de Podemos de arrinconar a Sumar se unió entonces, como era presumible, que el nuevo artefacto electoral aragonés fuese encabezado también por ellos. Una ausencia de primarias con la que el partido de Maíllo no estaba dispuesto a transigir, pese a que el andaluz se ha erigido candidato a la Junta de Por Andalucía sin someterse a este proceso. Chunta, por su parte, que coqueteó durante días tanto con IU como son Sumar, decidió finalmente, al igual que Podemos, aislarse de la unidad en un claro rechazo a las interferencias de las direcciones nacionales de los partidos. «Nunca hemos aceptado una unidad a la carta», sentenció su secretaria general, Isabel Lasobras, que abogaba por una negociación «sin vetos cruzados, lejos del ruido de Madrid».

No será ella quien encabece, sin embargo, la lista del partido. Lo hará su único diputado en el Congreso de los Diputados, Jorge Pueyo, dejando a CHA, hasta ahora integrada en el Grupo Plurinacional, sin representación nacional. Llegado el momento, la lista correrá y su escaño pasará a manos de Laura Vergara, de Sumar. Díaz se queda así sin uno de sus aliados más críticos y que, en más de una ocasión, ha desbaratado su estrategia en la Cámara Baja.

Con el elefante del adelanto de las generales en la habitación, los partidos de Sumar dicen estar relanzando el espacio, mientras Podemos parece determinado a tirarse a la piscina en solitario

Aunque el plan de Sánchez es agotar legislatura como bien dejó claro en su carta a la militancia del domingo —«no renunciaremos a nuestro mandato democrático», escribió el presidente—, el elefante del adelanto de las generales está en la habitación como consecuencia del reguero de tramas corrupta y escándalos sexual que cercan tanto a su partido como a su Gobierno, y en su cada vez mayor debilidad parlamentaria. Así, el tiempo corre y apremia a los partidos a mover ficha. En cualquier caso, habrían de hacerlo de cara a volver a evitar un escenario de pactos y toma de decisiones 'in extremis' como el del 23-J pues, en el mejor de los casos, las elecciones se celebrarían, a más tardar, en el verano de 2027.

«Los contactos de la mesa de partidos [órgano de negociación que creó Sumar tras la aparente dimisión de Díaz con representación de todos sus partidos] se están acelerando, hay mucho más diálogo», confiesan voces de la coalición en relación a una aceleración del proceso de confluencia, dando por hecho que hay intención de reeditar el artefacto Sumar —con un cambio de siglas en el aire—, al menos, por parte de los cuatro partidos que con asiento en el Consejo de Ministros: Sumar, IU, Comuns y Más Madrid.

Así lo dejó entrever también el propio Maíllo en una entrevista en RNE, quien prevé que este mes de enero arranque una «nueva propuesta de frente amplio» que partirá, según dijo, del «espacio político actual que soporta parte del Gobierno», pero que lo «actualizará». Candela López, diputada y coordinadora de Comuns, también dijo que su formación aspira a «relanzar el espacio de las izquierdas» estatales a lo largo de este primer trimestre del año. El reto pasa, además, por volver a atraer a organizaciones como Chunta, Més o Compromís, que amagaron con salirse del Grupo Plurinacional o directamente, como la valencianista diputada Águeda Micó, rompieron con Díaz.

La gran incógnita seguirá siendo Podemos, que parece decidido a seguir hasta el final con su voluntad de concurrir en solitario a las generales con la Montero si no se recupera el modelo de Unidas Podemos de la anterior legislatura. Una candidatura, trasladan desde el partido morado, que decidirán las bases aunque lo cierto es que, de facto, la exministra de Igualdad lleva ya casi un año investida.

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