A pesar de competir en el clásico y de estar cerca de, al menos, empatar y forzar los penaltis, Florentino regresó de Yeda con la decisión tomada. Xabi había prometido un Madrid moderno que daría conciertos de 'rock & roll' un domingo sí y otro también. Y de eso, nada de nada. El equipo solo jugó a lo que jugaba el Leverkusen de Alonso, durante el Mundial de Clubes y los primeros partidos de la temporada, con el clímax de la victoria en el clásico del Bernabéu de finales de octubre. Desde entonces, el equipo comenzó una cuesta abajo que ha acabado con Xabi en la calle.
Pocos se imaginaron que Florentino activaría el botón rojo tras caer con dignidad ante el Barça. El club deslizaba que una derrota en semifinales ante el Atlético o una paliza en la final ante los de Flick sí hubieran sido razones de peso para echar a Alonso, pero no tras un partido disputado. Lo que sucedió es que, para Florentino, el modo de disputar el clásico fue inaceptable con la idiosincrasia del Madrid. Y así lo dejó entrever en el frío abrazo que se dio con el tolosarra durante la entrega de medallas.
Alonso, José Angel y el vestuario
Según las fuentes consultadas por ABC, hubo una conversación entre José Ángel y Alonso en el avión de vuelta de Yeda. En esa charla, el director general le transmitió su preocupación por el juego del equipo y la necesidad de un cambio radical, y Xabi le dejó entrever que era muy complicado hacer algo así con jugadores en su contra, como Vinicius y Bellingham, y que le gustaría que el club fichara en enero. En esa conversación no participó en ningún momento Florentino, pero fue informado de la misma. Horas después, ya entrada la tarde, Iñaki Ibáñez, el agente de Xabi, recibió una llamada de José Ángel para comunicarle el adiós de Alonso.
Una decisión que pilló por sorpresa a los jugadores. El ya exentrenador del Madrid le había concedido el día libre a la plantilla para volver al trabajo este martes y comenzar a preparar el partido de octavos de Copa ante el Albacete (mañana, 21.00 horas). Ninguno sabía ni se esperaba la decisión del presidente. Tanto, que el primer jugador en despedirse públicamente de Alonso lo hizo dos horas y media después del anuncio del club: «Ha sido corto, pero un placer jugar y aprender de ti. Gracias por darme tu confianza desde el día 1. Te recordaré como un entrenador con las ideas claras y que sabe mucho de fútbol. La mejor de las suertes», escribió Mbappé en sus redes sociales. Detrás de él vinieron Ceballos, Arda, Huijsen, Tchouaméni, Courtois, Lunin, Rodrygo, Asencio, Valverde, Rüdiger, Carreras, Carvajal...
A pesar de haber encontrado ciertos lazos de unión en las últimas semanas, el desafecto en el vestuario entre algunos jugadores importantes y Xabi era evidente. Las cariñosas palabras en las distintas ruedas de prensa, como por ejemplo Bellingham en Yeda, no eran más que fachada para intentar tapar la realidad. Los métodos de Xabi y de su 'staff' no eran del agrado del vestuario y, a pesar del intento de acercamiento de Xabi, con la renuncia de algunas de sus exigencias, la relación ya fue imposible de reconducir. Eso tampoco gustaba a Florentino.
Como le chirriaba la plaga de lesiones y, sobre todo, la situación de Pintus. Como ya desveló este periódico el pasado 16 de diciembre, el presidente consideraba que el italiano estaba desaprovechado en ese rol de 'performance manager', un cargo de 'despacho' que se le adjudicó una vez que Alonso decidió venir con Camenforte, su preparador físico en el Leverkusen. Xabi no quería duplicidad de funciones y Pintus no quería molestar, pero el mal estado físico de la plantilla llenó de razones a Florentino. El presidente quería que Alonso metiera al italiano en su staff, y por ahí no pasó el tolosarra.
Sí accedió al regreso de Niko Mihic como jefe de los servicios médicos, y lo hizo porque vino al Madrid sin ningún médico en su 'staff'. Las decisiones del club en ese departamento no le afectaban directamente y entendía que no eran una injerencia en su día a día, no como sí ocurría con Pintus. Su negativa al regreso del italiano y jugarle como un equipo pequeño al Barça, los motivos finales que hartaron a Florentino y provocaron su despido.