A 59km/h: viaje en el AVE a Barcelona que Adif ha ralentizado tras las quejas de los maquinistas

Ese mismo silencio, casi sepulcral, imperaba en el 'hall' de la primera planta de Madrid de la estación que lleva el nombre de la reputada escritora Almudena Grandes. Tanto a los viajeros, como a los trabajadores de las compañías que operan en estas instalaciones como a los empleados que prestan servicio en la librería o la cafetería, les costaba encadenar esas palabras que le dieron tanto éxito a la mujer que da nombre al principal nudo de las comunicaciones ferroviarias del país desde el 31 de marzo de 2023.

Las pantallas de la estación seguían mostrando los trenes programados hacia Andalucía, pero a la información de todos les acompañaba una línea encima a modo de tachón y una palabra: cancelado. Al girar la mirada hacia la derecha, a las puertas comprendidas entre la 8 y la 15, la ausencia de personas que normalmente esperan alguno de los primeros trenes con destino a Sevilla, Málaga o Granada chocaba a muchos de los pasajeros.

Con el mismo silencio que imperaba en el interior de los coches, en los que la mayoría de pasajeros se aislaban con sus propios auriculares, uno a uno los viajeros hemos ido accediendo al andén a través de las puertas 3 y 4. Todo se hacia con miradas, incluso el «gracias» a los empleados de Renfe que revisaban los billetes con su 'tablet'. 48 horas después del primer siniestro de la Alta Velocidad en España, y apenas diez horas después de un segundo accidente mortal de tren, en este caso de Cercanías, casi todos los allí presentes admitían estar «porque no me queda otra, es trabajo».

Así lo relataba a este periodista, hoy también compañero de viaje ocasional de María Jesús, esta madrileña de 53 años que trabaja para una conocida empresa farmacéutica cuya sede central está en la ciudad condal. Viaja a esas oficinas «cuatro o cinco veces al mes» y «aunque hoy no me apetecía coger el tren, tenía que hacerlo», admite con voz baja intentando no molestar al resto de pasajeros del coche número tres.

Retrasos ya habituales

También hablaba con timidez la azafata que, este miércoles, ponía voz al habitual «Buenos días y bienvenidos a este tren AVE con destino Barcelona–Sants». Tras repetirlo en inglés y, con ciertas dificultades en catalán, su voz se volvió a apagar hasta una hora más tarde contar a los viajeros que «por motivos de limitación de la velocidad este tren circula con una demora de aproximadamente quince minutos, rogamos nos disculpen las molestias». Al final ese retraso fue de 20 minutos entre la hora prevista de llegada a Zaragoza–Delicias y la hora que acabamos bajando del tren.

El 03063 era el primer tren con destino a la capital aragonesa y la catalana que pasaba por las vías revisadas de madrugada entre Mejorada del Campo (Madrid) y Molina de Aragón (Castilla–La Mancha). Ante las quejas de algunos maquinistas que a diario circulan por la infraestructura con mayor carga de trabajo de la Alta Velocidad española, también la más rentable, Adif y el Ministerio de Transportes ordenaron que durante un tramo de 150 kilómetros la velocidad máxima fuera de 160 km/h. De ahí la demora acumulada, pese a haber salido con la citada puntualidad británica.

Con el cielo completamente negro, abriéndose paso al día a medida que el tren avanzaba, los pasajeros aguardaban su llegada a destino sin saber a que hora llegarían y si esa limitación que hay en las vías les obligaría a modificar su rutina o su programa previsto. Algunos pasajeros sabían lo que había y lo aceptaban: «Visto lo visto hay que tomar medidas, la seguridad es lo que tiene que ir por delante de todo». Eso decía una viajera habitual. Otro que decía ser «casi accionista» —«ya tengo renovada la Renfe Platino de este año»—, criticaba que «hace cinco o seis años el tren directo entre Madrid y Barcelona tardaba 2.30h en hacer el recorrido, ahora el billete ya marca 2.37h y con los retrasos habituales no hace más que subir». Al final, explica, «ya no te aporta la seguridad que te daba antes de saber que llegabas a la reunión que tuvieras» y eso, añade, sumado a lo ocurrido en Adamuz, «le resta competitividad».

Los retrasos del AVE

«Hace cinco o seis años el tren directo entre Madrid y Barcelona tardaba 2.30h en hacer el recorrido, ahora el billete ya marca 2.37h y con los retrasos habituales no hace más que subir»

Una pasajera habitual

Pero a diferencia de ellos también había viajeros que cogían el AVE por placer, de forma puntual, y que al ser preguntados por ABC aseguraban que «no sabía que iba a ir con reducción de velocidad», por lo que no sabían «a qué hora llegaremos». A la llegada a Zaragoza–Delicias, a las 8.22, dos chicas muy jóvenes esperaban impacientes a bajar lo antes posible ya que tenían que coger otro transporte para ir a un viaje organizado a las pistas de esquí de Formigal. No tenían la seguridad de llegar a él y poder disfrutar de sus vacaciones.

En esa misma estación de Delicias finalizo mi viaje, a la espera de un nuevo tren que tenía que recogerme a las 10.26, que me devuelva de nuevo a Madrid. A diferencia del de ida, este ha llegado con 16 minutos de retraso y, al sentarnos en el asiento, el tren se ha detenido y se ha vuelto a hacer el silencio, roto a los pocos minutos por la megafonía: «En breves minutos reanudaremos la marcha, disculpen las molestias». Transcurrieron dieciocho minutos hasta que que hemos iniciado el retorno hacia la capital del Estado.

De nuevo con limitaciones, que Renfe había levantado sobre las ocho de la mañana y ha vuelto a instaurar alrededor de las 12 del mediodía, el tren 03092 ha circulado mucho más lento que de los 141 km/h mínimos que había marcado el velocímetro del 03062. Este convoy ha llegado a ir a 59 km/h y 86 km/h a su paso por Mejorada del Campo. Con 42 minutos de retraso, a las 12.34, aparcaba de nuevo en el andén 3 de una silenciosa estación de Atocha de Madrid. Final de viaje.

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