Corretón de salida, a este castaño pilarico se le notaba su seriedad cinqueña. Transmitió con su humillación el capote, pero pronto puso en apuros para ponerlo en el peto y se complicó aún más en banderillas, donde Jarocho tuvo que recurrir a la media vuelta y Tito se salvó por centímetros de que lo trincara. Con inteligencia se dobló Víctor en el prólogo, pero esa manera de meter la cara contrastaba con su forma de revolverse, como una exhalación. A mitad de muletazo lo buscaba y la tensión era latente. El de Los Santos tragó por ambos pitones, con unos naturales meritísimos, de pecho ofrecido y pata p'alante, vaciándose por completo. La Monumental supo reconocerlo y aplaudió su serísima actuación. La oreja estaba cantada, y eso que con la espada no anduvo fino, pero media bastó... Rugió la plaza en el desafío del torero al indomable Busca-Oro y rugió la pañolada cuando doblaron los 555 kilos de la alimaña salmantina.
Mucho se acordará de los pinchazos al sobrero de Villamarta, pues los tendidos empujaban para sacarlo por la Puerta Grande tras su atalanada labor a un toro de casi seis años, silleto y alejado de la guapura. Sólo la espada frenó que saliera en volandas, porque Madrid está ansiosa por ver triunfar. Innegociable su entrega de nuevo, irrefutable su aplomo, que exige ya un lugar en los carteles. Es hora de renovar el escalafón, señores empresarios. Y es hora también de que se imponga un criterio en el palco y se diga si el reglamento sirve o no para algo.
A Galván se la niegan
La cara larga se le quedó a David Galván después de la abultada petición en el tercero –que a muchos le parecería exagerada, pero ahí estaban los pañuelos para quien quiera entretenerse en contarlos–. Media docena de verónicas parieron de las telas del gaditano, con dos como caricias. Otro son traía este segundo, bien hecho, sin exageraciones en su cuatreña expresión, y con el que Hernández se había plantado contra viento y marea con el capote a la espalda –adivinen en quién se miraba de nuevo–. Galán, sabedor de la buena condición de este Burredor (tuvo el lote más potable) brindó. Le tocó aguantar la andarina llegada del pilarico en el primer muletazo, pero allá siguió con sello manzanarista –el de la época del empaque–. Sin apretarlo. Hasta afianzar la embestida con series delicadas, a media alturita, en la que la estética envolvía la menor reunión. Fue una faena preciosista, de enorme sabor –como ese molinete fraguado en Triana–, con templanza y verticalidad... Para rematar con unas ceñidísimas manoletinas. Tanto se alargó que oyó un aviso antes de entrar a matar: en todo lo alto el acero, pero el animal se amorcilló y sonó otro recado. Pese a la petición, el palco –con disparidad de criterio– dijo que nones y todo quedó en vuelta al ruedo. De nuevo paseó el anillo en el de Castillejo, con el hocico hacia delante, tras un espadazo y una generosa petición. Qué bizcochona anda la primera plaza del mundo... No hubo lugar a pañuelos en el lote a contraestilo de Urdiales, sin suerte ni confianza. Nadie hablaba del veterano a la salida: sonaba el nombre de Víctor.
- Monumental de las Ventas. Sábado, 10 de mayo de 2025.
- Diego Urdiales, de
- David Galván, de
- Víctor Hernández, de