El clásico más intenso: del descontrol de Vinicius a un bronco desenlace

Entre la afición merengue, hay un nuevo enemigo público número uno: Lamine Yamal. Las declaraciones del barcelonista acusando al Madrid de «robar» son gasolina para una parroquia que no sentía precisamente simpatía hacia el internacional español. Al recitar los onces iniciales, su nombre recibe un sonora pitada, y desde el minuto uno, recibe la animadversión del público en cada pelota que toca. Cada acción vencedora de un futbolista del Madrid contra Lamine es celebrada casi como un gol, desde una anticipación y recorte de Carreras hasta un pelotazo de Vinicius con el que impacta en el azulgrana para forzar un saque de banda.

Apenas unos minutos tarda en llegar la primera polémica, un posible penalti precisamente de Lamine sobre Vinicius. Soto Grado lo señala y el Bernabéu lo celebra entre los clásicos gritos contra el Barça, aunque su revisión y anulación desata cánticos en recuerdo de Negreira y contra la Federación, acusada de «corrupción». Es el Barça quien domina de inicio la posesión, lo que provoca los primeros «olés» entre la afición azulgrana con tan solo once minutos transcurridos. Una osadía a la que responde el Madrid con el misil de Mbappé, finalmente anulado por fuera de juego en un nuevo capítulo de la indignación blanca contra el árbitro y la RFEF.

Vuelve a subir al marcador un tanto del francés, esta vez de forma definitiva, para la doble euforia de un Bernabéu que no las tenía todas consigo respecto a la posición del galo, unas dudas despejadas y celebradas con el saque de centro. No acude Lamine junto al resto de sus compañeros para celebrar el tanto del empate, obra de Fermín, y en su lugar opta por hidratarse al mismo tiempo que mantiene un intercambio de pareceres con Vinicius. Segundos después, es Pedri quien centra la atención del brasileño, que minutos después acapara el cariño del Bernabéu con su gran acción que desemboca en el gol de Bellingham.

Un cariño que se torna en incredulidad acompañada por algunos pitos cuando a falta de veinte minutos para el final Vinicius escenifica un enfado monumental al ser sustituido. Primero, observa receloso a Rodrygo en la banda, y cuando se confirman sus sospechas y ve su número en el cartelón, su indignación va 'in crescendo'. Se golpea en señal de lamento antes de encaminarse hacia la banda pidiendo explicaciones a gritos y los brazos abiertos. Al llegar al banquillo, prosiguen sus quejas a viva voz, no acude a saludar a Xabi Alonso ni a ningún compañero y, en vez de sentarse, se dirige al vestuario con el partido todavía por decidir. Finalmente regresa para el desenlace del encuentro, en el que Lamine es buscado por los jugadores del Madrid y se producen dos grandes tanganas, primero en los banquillos, después en el centro del campo tras el pitido final. Empujones y enfrentamientos dialécticos ponen el cierre a un intenso clásico.

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