Luego supo que, con su grito, este hostelero había llamado la atención de los ladrones que robaban en ese momento la tragaperras en el bar Amba, al lado del suyo. Eran las cinco y diez. El sujeto que le roció con el extintor estaba junto al vehículo en el que los delincuentes, encapuchados y embozados, cargaron la pesada máquina después de sacarla a rastras y a pulso del establecimiento. Era el tercer golpe en los seis años que lleva abierto.
La máquina apareció después reventada supuestamente con la alcantarilla que había al lado. La Guardia Civil la encontró sin dinero y a siete kilómetros a pie de la plaza Mayor, en el camino que lleva a localidad de Burujón. El botín fue de unos 1.500 euros, según Sergio, el propietario del bar, que deja abierta la caja registradora para que los ladrones vean desde la calle que esta vacía.
El golpe en el Amba es otro palo, cuentan, para los hosteleros y comerciantes de la plaza. Se quejan de que el ayuntamiento haya prohibido estacionar en una gran parte de ella desde hace un mes, lo que afecta, dicen, a las ventas.