Belén -nombre ficticio para proteger su identidad-, interpretada por Camila Plaate, fue encarcelada en Tucumán en 2014 tras acudir a un hospital público con dolores abdominales y ser acusada de abortar ilegalmente. Sin pruebas, recibió ocho años de condena y el caso sacudió a Argentina entera. El caso generó una amplia cobertura mediática y se convirtió en un punto de referencia para organizaciones de derechos humanos y colectivos feministas. «Belén no es una historia aislada. Belén fue muchas. Lo que cambió es que esta vez no la dejamos sola», dice Fonzi.
En ese contexto, Fonzi empezó a involucrarse públicamente en el tema a través de acciones de visibilización en eventos y plataformas mediáticas. «Vi que era la oportunidad. Levantar ese cartel fue apenas un gesto, pero fue el inicio de algo más grande. Nunca imaginé que años después terminaría haciendo una película sobre el caso». En 2023, le ofrecieron protagonizar y dirigir Belén, una ficción inspirada en ese hecho real. «Pasaron muchos años. Yo conocí a Belén recién en 2019, en la presentación del libro de Ana Correa. Ella se me acercó, me agradeció. Fue muy fuerte».
'Belén' tomó forma en tiempo récord. «Filmamos este año, la montamos, la presentamos en San Sebastián y ahora estamos en carrera para los premios. Todo en el mismo año. Fue brutal». 'Belén' se inserta en el debate contemporáneo: «Reconoce una época. No hay muchas películas que hablen de un caso tan reciente en Argentina. Las chicas que marchaban en ese entonces ahora tienen 20 años».
Y aunque insiste en que no hace «cine militante», reconoce que el cine político a veces no es una elección, sino una consecuencia. «Ser mujer ya es ser un ente político. Aunque no hables de política, estás hablando. Si hacés cine y no hablás de ciertos temas, también estás haciendo política: estás invisibilizando», explica. «Esta película es memoria. Es un recordatorio de lo que pasó hace nada. De lo que fue posible gracias a una unión colectiva. Si pudimos, podemos ahora y podemos mañana». Retratar un caso real implicó responsabilidad. «La realidad supera la ficción. Todo lo que está en la película sucedió. Solo añadimos algunas escenas para darle tensión cinematográfica. El cine tiene una cosa que me fascina: puede reparar emocionalmente algo que la justicia no reparó».
Cuando Belén tuvo nombre
Lo desafiante, explica, fue cómo convertir esa crudeza en cine. «Cómo contar algo que te agarra, no te suelta, y te conecta emocionalmente. Cómo vivir ese caso real, pero a través de la magia del cine». En la actualidad, la interrupción voluntaria del embarazo es legal en Argentina desde 2020, aunque organizaciones especializadas señalan dificultades en su implementación, especialmente en regiones con menos recursos. «A veces siento que el movimiento no fue solo político, fue un movimiento de afectos. Nos acompañamos, nos cuidamos. Eso no lo olvidás más». El cine, para ella, puede ser una forma de justicia simbólica. «La gente sale del cine agradecida porque siente que su historia está ahí».
Fonzi contextualiza el proceso dentro de un movimiento social más amplio, que en su momento movilizó a millones de personas en Argentina y tuvo impacto internacional. «Nosotros éramos seis millones de personas en la calle. Tenés que querer distraer demasiado del foco político para meterte con eso», dice ahora, recordando esos días. «Eso pasó hace muy poco. Se revive muy fácilmente: querer meterse con eso sería absurdo, y esta contraofensiva que estamos viendo -en Estados Unidos, Polonia, España- solo significa que lo que se instaló es demasiado poderoso para ignorarlo», afirma. «Hace diez años no se nombraba la palabra aborto. Ahora se habla de aborto en las mesas familiares. Que haya conversaciones como esta, ya es parte del cambio».