Poco antes de las diez de la noche del miércoles 30 de junio, un autobús de la empresa San Miguel que hacía la ruta Sevilla-Morón (con paradas en esta localidad, la barriada de San Juan, Algámitas y El Saucejo) fue arrollado por el automotor procedente de Granada con el resultado de trece muertos y una treintena de heridos. Uno de ellos «llegó manando sangre hasta el cuartel de la Guardia Civil para dar cuenta de lo sucedido».
El periódico le dedicó la primera plana de tipografía al día siguiente, 1 de julio. En la amplia cobertura del suceso se incluyeron párrafos redactados por el corresponsal de ABC en Paradas, Julio Guzmán, que vivió en primera persona el drama sin ahorrarle detalles escabrosos a los lectores: «Marchaba en un coche, a escasa distancia del autobús, cuando sobrevino el accidente. Al ver la magnitud de la catástrofe salté del coche y corrí hacia el autobús, donde, sin apenas ver, rompí una de las puertas, entrando en el vehículo. Tropecé con tres personas que intentaban salir del autocar, sangrando abundantemente. Avancé unos pasos, y ante mis ojos se ofreció un espectáculo horrible. Cuerpos decapitados, llantos, quejidos y gritos. A partir de mediados del coche, las personas se revolvían entre hierros, madera y cristales. Un niño, al que acudí rápido a prestar ayuda, moría instantes después en mis brazos. [...] En la oscuridad de la noche colocamos a los cadáveres a un lado del camino, mientras los heridos eran trasladados en ambulancias a Sevilla».
En el Hospital Central, el antiguo de las Cinco Llagas, a donde se evacuaron los heridos, «se produjeron escenas dolorosísimas, entre ellas la de un policía armada que, desplazado al hospital de servicio, al entrar en el vestíbulo se encontró con una joven herida en una pierna que resultó ser su hija».
Las barreras del paso a nivel estaban levantadas e intactas, por lo que se detuvo al guardagujas. Entre los muertos, el conductor y el cobrador del autobús, el maquinista del tren y el cronista de Arahal y corresponsal de ABC, Antonio Jiménez Pérez, de 76 años, la única víctima mortal del pueblo. Otras diez eran de Morón, que decretó un día de luto oficial para el día siguiente, cuando se ofició el funeral, presidido por el arzobispo Bueno Monreal. El comercio local cerró sus puertas en señal de duelo durante la tarde del oficio religioso, que se convirtió en una impresionante demostración de dolor colectivo. Ayer hizo sesenta años.