A Vinicius lo despidió una parte del graderío del estadio madridista con bronca. De una parte, el mal partido del delantero contra el Sevilla y de otra, la nueva ventana de dificultades que se le abre. Porque el Bernabéu es inflexible. Ha pitado a todos los grandes jugadores de su historia y Vinicius no se libra.
La sangre caliente del extremo, su carácter impetuoso, se plasmó con celeridad en la primera reacción que tomó. Un rato después de ser sustituido por su entrenador y ser silbado por el público, cambió su foto del perfil de instagram: la camiseta de la selección brasileña sustituyó a la del Real Madrid.
¿Es ruptura, desafío o una simple rabieta? Gran parte del madridismo comulgó en su momento con los berrinches de la estrella. El Real Madrid no estuvo representado en la ceremonia del 'Balón de Oro' en la que su jugador quedó segundo por detrás de un español, Rodri. A Vinicius se le aplaudió y respaldó: era el mejor jugador de la plantilla hasta que llegó Mbappé.
Por ahí le han tratado de sacar de sus casillas los rivales, como Koke, cuando le dijo en el derbi con el Atlético que «Mbappé te ha comido la tostada». Y aunque sus ademanes siguen siendo desafiantes y continúa enviando aficiones a Segunda, se ha atemperado respecto a sus primeros modales, tan irritantes y despectivos.
Sucede que el Bernabéu ha empezado a observar lo que los aficionados externos advertían al respecto. El madridismo empezó a sospechar de sus estrellas y del poder que tienen en el club los jugadores cuando Vinicius levantó los brazos, gritó a Xabi y menospreció su autoridad en el cambio ante el Barcelona. Públicamente no se le afeó la conducta y él tampoco se disculpó con su entrenador en el comunicado: el club, los compañeros y la afición sí. El técnico no.
Las risas del brasileño en Talavera mientras Xabi estaba en tensión favorecieron los pitos al jugador frente al Sevilla
Llegó luego la ceremonia de los abrazos con el entrenador del Madrid. Han parecido más achuchones forzados que sinceras muestras de afecto o solidaridad en busca de una unidad que Xabi Alonso proclama o trata de buscar en cada una de las muchas ruedas de prensa que ofrece cada mes.
El penúltimo episodio tampoco ayuda al brasileño. Esas risotadas en el banquillo del estadio del Talavera mientras Xabi Alonso mantenía una tensión evidente en el cuerpo por el resultado que podía inclinarse hacia un descalabro, un 1-3 que luego fue un 2-3. Bromas y chanzas del brasileño con Endrick mientras los madridistas contenían el aliento en la Copa del Rey.
El Madrid llegó con ese barro al partido contra el Sevilla. Y Vinicius, con el brazalete de capitán en representación de todos sus compañeros a la hora de dirigirse al árbitro. El veredicto del Santiago Bernabéu fue clave: no hay pitos para Xabi Alonso pese al mal juego del equipo y sí para el brasileño.