El clan gallego del PP y la sinrazón de Vox

La ausencia de Santiago Abascal de la recepción ofrecida por los Reyes con motivo de la Fiesta Nacional sólo se comprende en esa clave. La explicación oficial habla de la voluntad de los verdes de marcar una distancia infinita con el Gobierno, pero de quien quieren distanciarse en realidad es del PP. Los votantes de uno y otro partido confían en que, llegado el caso, ambos sabrán entenderse en aras de echar a Pedro Sánchez del poder, aunque en las cocinas de la calle Bambú los cálculos no van por ahí. De haber sido esa su prioridad, podrían haberla materializado en julio del 23, cuando Feijóo propuso a Abascal un pacto consistente en darle entrada en su Ejecutivo a cambio de que Vox renunciara a presentarse en varias circunscripciones donde no tenía opción alguna de conseguir un escaño. En un principio el alavés aceptó, aunque al día siguiente comunicó que en su casa «no lo veían». O sea, que quienes dirigen la formación desde la sombra tenían otros intereses. A día de hoy, si se celebraran elecciones con el resultado que auguran los sondeos, se impone la idea de dejar gobernar al PP en solitario, al frente de un gabinete débil en minoría, a fin de ir desgastándolo hasta liquidarlo, como ha sucedido con las derechas moderadas en varios países de nuestro entorno. Uno o dos años de legislatura agónica, convocatoria anticipada y 'sorpasso'. Esa es la sinrazón que mueve a Vox y el escenario al que nos enfrentamos.
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