Hablar de las Tendillas es hablar, ante todo, del alcalde José Cruz Conde. Él tuvo la visión de diseñar una plaza moderna y céntrica de la que carecía Córdoba y consiguió la financiación necesaria para acometer la urbanización de la plaza, la expropiación y derribo de los inmuebles antiguos y la construcción de los nuevos y abrió dos nuevas calles (Claudio Marcelo y Cruz Conde). Félix Hernández fue su gran colaborador en el revolucionario proyecto urbanístico e incluso fue el autor del hoy hotel Palacio Colomera.
Córdoba supo atraer a otros arquitectos como Rafael de la Hoz Saldaña, Aníbal González y Benjamín Gutiérrez para erigir los edificios modernistas y regionalistas que bordearon la plaza. Las obras comenzaron en 1925 y acabaron en 1929. Entre medias, en 1927, se instaló en su centro la majestuosa estatua del Gran Capitán, obra de Mateo Inurria. El sobrino de José Cruz Conde, Antonio Cruz Conde, también alcalde, puso en 1961 la guinda a la plaza con el reloj que marca las horas con inconfundibles rasgueos flamencos de guitarra española.
La historia de las Tendillas guarda en su recuerdo negocios e inmuebles que ya no están, como el hotel Suizo cuyo derribo fue imprescindible para construir la plaza, el hotel Boston, el bar Siena, el Palacio del Cine, La Unión y el Fénix, Pañerías Modernas, kioscos de prensa y aquellos urinarios que parecían bocas de metro. Otros continúan, como las heladerías La Flor de Levante y David Rico y el Instituto Góngora, a los que se han unido nuevos negocios que dan vida al espacio. Pero la importancia mayor de las Tendillas es que los cordobeses la hicieron suya, más desde la reforma de 1999 que la convirtió en un paseo, y allí celebran las grandes concentraciones ciudadanas para manifestaciones políticas, ceremonias religiosas, escaparates culturales, celebraciones deportivas y hasta para inaugurar cada nuevo año.