Detrás de Vladímir Putin : una historia de mafias, KGB, poder, clubes de striptease y amantes que ronroneaban

Efectivamente, no se puede desvincular la personalidad del personaje y la propia persona. Así, los periodistas de investigación Roman Badanin y Mikhail Rubin han desentrañado las claves de Vladímir para poder explicar a Putin. Es decir, cómo los aspectos más delicados de la vida privada del presidente ruso se entrelazan con la historia política de Rusia. Por supuesto, todo ha tenido un precio y los autores se han quedado sin patria. Ya viven lejos de Moscú. Actualmente residen en Estados Unidos, donde dirigen 'Proekt', un medio de investigación que indaga en los intereses comerciales y las costumbres de la élite rusa.

«El comportamiento de Putin lejos de las cámaras revela mucho más sobre su verdadera visión del mundo antes que sus discursos», declaraba Badanin en una entrevista con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. «La vida privada de Putin, en pocas palabras, es mucho más importante que su vida pública», justificaba.

Vladímir Putin, de cinco años, con su madre, María Ivánovna, en julio de 1958.

Los misterios de Putin

Badanin y Rubin han logrado penetrar en el círculo íntimo de amigos y familiares de Putin para realizar un minucioso análisis del ascenso al poder de este antiguo agente de la KGB para desentrañar los misterios de la secreta vida privada del líder ruso.

En realidad, y según se advierte en el libro, Vladímir Putin sigue siendo el mismo de hace 50 años, solo que en una versión más evolucionada. Se ha convertido en la persona que quería ser aquel muchacho que creció idolatrando la figura de su entrenador de judo, Leonid Usvyatsov, un delincuente habitual que, según testigos, tenía una fuerte inclinación por la violencia. De él heredó su «apetito por el riesgo y su fe en el uso de la fuerza».

Vladimir Putin padre, María Putina y Vladimir Putin en 1985

Su entrenador de judo ayudó a Putin a ingresar en la prestigiosa Facultad de Derecho de la Universidad de Leningrado, un logro extraordinario para un estudiante que antes se había graduado en ciencias naturales. Putin cayó bajo la influencia de Usvyatsov antes de que este fuera finalmente asesinado en un tiroteo entre bandas en 1994. En su lápida, tantas veces visitada por el presidente ruso, se puede leer: «Por fin he muerto, pero la mafia vive para siempre».

Putin practicando judo

Las luces y bailarinas del Luna

Badanin y Rubin consiguen trasladar al lector a las sórdidas luces rojas del Luna, el club de striptease favorito de Putin en San Petersburgo, donde, como adjunto del alcalde Anatoly Sobchak, celebraba reuniones periódicas y firmaba acuerdos con la mano derecha mientras con la izquierda deslizaba el dinero de las bailarinas. El club estaba entonces bajo la protección de un guardaespaldas personal de Putin, el mafioso Roman Tsepov.

Para cuando Putin se convirtió en un asiduo del Luna, a mediados de la década de 1990, su matrimonio con Lyudmila Putina, con quien se había casado en 1983 y tenía dos hijos, ya había comenzado a deteriorarse. Una amiga de aquella retrataría a un Putin apegado a interiores suntuosos, una vida cómoda, whisky caro y urdir planes para obtener «ingresos adicionales». Según cuentan Badanin y Rubin, una posible causa de la ruptura matrimonial habrían sido las infidelidades que llevaban a cabo en un apartamento propiedad del Estado. Buena parte del quebranto de sus inseguridades las paliaba con el número de mujeres que pasaban por sus brazos.

Putin rodeado de mujeres

Ya estaba casado cuando comenzó su vida de playboy con bailarinas exóticas, por decirlo así. Luego fueron llegando una limpiadora, una gimnasta, una modelo de calendario... Una larga lista de mujeres cubiertas de rublos, caviar y oro. Pero también hubo otras con el corazón roto y enterradas en el anonimato.

De nuevo, el personaje y la persona. Vladímir Putin se presenta como un defensor de los valores familiares tradicionales, pero siempre ha disfrutado de la compañía de mujeres jóvenes y atractivas a su manera. Y mejor si también las atraía el poder. El Luna tenía habitaciones en el segundo piso para encuentros privados y contaba con la protección de una banda criminal vinculada al equipo de seguridad personal de Putin.

La limpiadora y la gimnasta

Sin embargo, su primera relación extramarital significativa fue con una limpiadora, según afirman Badanin y Rubin. Cuatro años después nació Elizaveta, de gran parecido con Vladímir Putin. En 2003, la limpiadora compró un apartamento de 3,4 millones de euros en uno de los barrios más exclusivos de Montecarlo a través de una empresa offshore. Dicen que la mujer tiene un patrimonio superior a los 90 millones de euros, incluyendo un apartamento en un prestigioso complejo de su ciudad natal, San Petersburgo, varias propiedades en Moscú y un yate.

Por los brazos de Putin también pasó una jovencísima Alina Kabaeva, heroína nacional en 2004 gracias a su medalla de oro en gimnasia rítmica en los Juegos Olímpicos de Atenas y conocida como «la mujer más flexible de Rusia» por su cuerpo especialmente ágil y flexible. El exnovio de la gimnasta, el cantante Murat Nasyrov, falleció tras caer desde el balcón de un quinto piso de un edificio en Moscú. En 2014, Alina fue nombrada directora del Grupo Nacional de Medios con un salario estimado de 8,8 millones de euros y se convirtió en la accionista mayoritaria del Banco Rossiya, uno de los bancos privados más grandes del país.

Putin y Alina Kabaeva

La mujer que acariciaba a los gatitos

En un momento de su vida también se habló de un posible romance con la protagonista de un calendario erótico que le regalaron por su 58º cumpleaños. Alisa Kharcheva, que entonces una estudiante de 17 años, posó con un vestido que realzaba sus curvas y escribió: «¡Vladímir Vladimirovich, eres el mejor!». Irresistible. Al Kremlin llegó una copia del calendario y el teléfono de todas las jóvenes fotografiadas. Se dice que la voluptuosa morena Miss Abril visitó a Putin en su residencia dos veces al mes durante un año.

No hay confirmación, pero por circunstancias de la vida todo cambió para Alisa, que en 2011 se matriculó en una de las universidades más prestigiosas de Rusia y al año siguiente, para celebrar el 60º cumpleaños de Putin, fue fotografiada con un vestido rojo escotado mientras sostenía un gatito junto a un retrato del presidente con el inconfundible título de «Ronroneando para Putin». Dicen que Alisa vive una vida lujosa y acomodada en un apartamento exclusivo de uno de los mejores barrios de Moscú. Pero de otras muchas supuestas amantes simplemente no se ha vuelto a saber absolutamente nada de ellas. Como si se las hubiera tragado la tierra.

Putin y su exmujer, Lyudmila Putina

Además de revelar las fortalezas burocráticas y las debilidades nerviosas de Putin hasta el día de hoy, el libro también cuenta cómo la iglesia ortodoxa rusa se convirtió en un poderoso instrumento político, cómo el Kremlin organizó un control progresivo sobre los medios de comunicación rusos, cómo la KGB fue apartando a sus enemigos con persuasivas recomendaciones y cómo familiares y amigos se beneficiaron de su ascenso al poder. Porque Putin ha logrado ser aquella persona que soñaba y sigue cultivando su propio culto.

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