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Quinario de la Soledad de San Lorenzo
Hasta el 9 de marzo
En San Lorenzo se levanta la vida que cobra en altares los diezmos de horas de nervios, sueños que son reflejo en el tránsito vertical de un bosque de luces que es poesía visual. Ciudad que comienza a transformarse desde el centro del todo y que vuelve a levantar el teatro del tiempo en todos sus aparatos de culto.
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El Cautivo de San Ildefonso
Todos los viernes de marzo
Es viernes de marzo y la ciudad descuenta los días más hermosos de su calendario. Todo es ebullición, y a la vez calma, hasta que la ciudad estalle en emociones. Junto al antiguo cardo de la Hispalis romana, en San Ildefonso, sobrevive un culto que cada año congrega a miles de sevillanos como pura peregrinación silenciosa del tiempo. No hay pasos ni andas en la calle. Vecinos de todos los barrios que heredaron el amor por el Cautivo de San Ildefonso y que regresan sobre sus pasos a sus orígenes vuelven a llenar de luz este templo que cada Cuaresma renace en un mar de devociones.
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El vía crucis del Señor de la Sentencia
7 de marzo
El primer viernes de Cuaresma, el arco de la Macarena es pórtico y escenario de unos de los grandes cultos externos del año. Cientos de cirios dan luz al Señor de la Sentencia, que desde hace casi tres décadas recorre las calles de San Gil y las antiguas huertas en estos días señalados en rojo en San Luis. En soledad, sin un misterio que lo arrope, la imagen atribuida a Felipe Morales se erige portentosa sobre un mar de macarenos y devotos que lo llevan a buscar calles y rincones de esta collación histórica de la ciudad. Es un culto imprescindible de cada tiempo de la espera, es el vía crucis del Señor de la Sentencia.
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El vía crucis del Santo Entierro
10 de marzo
Los imprescindibles de cada año se reúnen en torno a Alfonso XII y la Plaza del Museo para volver a ver de cerca al Cristo de Yacente, ahora sí, de Juan de Mesa. Sin urna, únicamente sobre una sábana blanca de pureza, su barba bífida y puntiaguda es una flecha directa al cielo que cierra el triángulo de uno de los actos más hermosos del año. Este 2025 será aún más especial. El Cristo Yacente protagonizará el Vía Crucis de las Cofradías, uno de los actos fundamentales de cada Cuaresma, lo que provoca que la hermandad cambie la habitual noche del segundo domingo de Cuaresma por la tarde del primer lunes.
5
El vía crucis de Santa Cruz
14 de marzo
Es segundo viernes de Cuaresma y la antigua Judería se vuelve altar. Los callejones y rincones de una ciudad impertérrita al paso del tiempo hacen de escenario en la angostura de los rezos y oraciones al Cristo de las Misericordias. La orografía y los espacios impiden que el Señor vaya portado en andas. Lo hacen sus hermanos que tocan y abrazan, piel con piel, a este portento orante roldanesco que mira, ese día, a los balcones que antes habitaron vecinos y hoy son un mero escaparate de una ciudad milenaria que busca en la Cuaresma su pasado más memorable. Es uno de los imprescindibles de cada febrero o marzo. El primero de todos que nos lleva a la Semana Santa más hermosa.
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El vía crucis del Cautivo de Santa Genoveva
4 de abril
El Tiro es el Cautivo y el Cautivo es el Tiro. El sur de la ciudad tiene en este punto cardinal la verdad más auténtica de los barrios de Sevilla. Solo, sin más compañía que las penas y alegrías de sus vecinos que andan tras sus pasos, caminará el Señor de nuevo en el penúltimo viernes de Cuaresma por las calles de una collación que lleva rezando ante él casi tres cuartos de siglo. Volverá a ser el Gran Poder de extramuros bautizado por Paco Robles el que avance en pleno Lunes Santo, pero unos días antes tienes una cita imprescindible en la Avenida de los Teatinos.
7
Subida al paso del Cristo de la Salud de San Bernardo
30 de marzo
Pocos fallan el penúltimo domingo de Cuaresma en San Bernardo. Pasarán de nuevo las 9 y media de la noche cuando el paso del Cristo de la Salud entre en la parroquia del barrio y la voz inconfundible de Manolo Villanueva retumbe en las naves de un templo abarrotado, como si de un sonoro estruendo callara toda la algarabía que espera el momento. Llegará la hora y unos vientos volverán a pender desde lo más alto de las bóvedas para elevar al crucificado artillero. Las sogas tomarán el poder de la imagen y los priostes marcarán las pautas. El Señor debe subir. Es y será una de las imágenes más impactantes de cada Cuaresma: el Cristo de la Salud a metros de distancia del suelo bajo el asombro y emoción de los que allí se encuentran. El monte que más tarde se llenará de rojo y morado ya lo sujetará, la Semana Santa se posa sobre el suelo de San Bernardo.
8
Los traslados de la Esperanza de Triana
30 de marzo
La Madrugada vive en Pureza su prólogo a pocos días del Domingo de Ramos. Santa Ana se llenará de nuevo de Esperanza con el septenario de la dolorosa. Allí volverán a reencontrarse los trianeros que pocos días después revestirán el antifaz morado o verde de terciopelo. Pero este culto tiene dos hitos que son imprescindibles en cada Cuaresma en Sevilla: los traslados de una imagen que abrazará sobre sus andas a su barrio con el sello inconfundible del amor que Triana guarda a la Virgen. Será cuando las horas marquen los últimos compases de una Cuaresma que empezará a morir, pero que se levantará como un resorte cuando el Viernes Santo marque sus primeras horas.
9
El septenario de la Virgen del Valle
Última semana de la Cuaresma
El altar de los altares, el tiempo que nunca muere. El septenario de la Virgen del Valle es la memoria clavada en un triángulo monumental de luz, plata, bordados y flor que eleva a los cielos de la Anunciación a la belleza incontestable de, quizás, Juan de Mesa. Entre sus velas podrás ver a Manolo Palomino fundiendo como nadie jamás supo hacerlo. Volverá a ser Cuaresma en la calle Laraña y todo será como siempre.
10
Los besamanos del Domingo de Pasión
6 de abril
Más de veinte templos y miles de besos como pórtico de los días grandes. El domingo de Pasión (o pregón) volverá a ser el de los besamanos y besapiés que llenarán de estampas únicas los templos de toda la ciudad a la espera de que salga el primer nazareno. Es la espera más inmediata plasmada en la fotografía del tiempo. Los priostes se afanarán de nuevo en hacer de ellos un tesoro de la memoria más pura de una ciudad que se viste de Semana Santa.