Fue aquel 2005 un año inolvidable para un deporte medio clandestino en España, que había vivido sueños incompletos de Emilio de Villota, Adrián Campos, Luis Pérez Sala o Pedro de la Rosa. Ningún piloto español había ganado nunca una carrera de F1 (Alonso lo hizo en 2003), mucho menos un título mundial.
Desde el comienzo del curso, Alonso atemorizó a sus rivales, en especial a Michael Schumacher, eterno campeón con Ferrari. Después de un tercer puesto en Australia, el asturiano acumuló tres victorias consecutivas. Con los Ferrari mucho menos competitivos de lo que había sido el ciclo triunfal de Schumacher con Jean Todt y Ross Brawn, el mayor rival de Alonso fue Kimi Raikkonen, con el McLaren-Mercedes.
Era aquel McLaren un coche de todo o nada. O se rompía o ganaba la carrera. Ante el empuje del veloz finlandés, Alonso impuso su consistencia gracias a la fiabilidad de su monoplaza, aquel Renault azul de fábula a las órdenes de Flavio Briatore.
Con siete victorias durante una campaña fantástica, Alonso se convirtió en el Gran Premio de Brasil en el campeón del mundo más joven de la historia de la F1, con veinticuatro años, un mes y veintisiete días, superando al legendario Emerson Fittipaldi. Renault también fue campeón de constructores.
Tipo de costumbres, muy proclive a las rutinas, a Fernando Alonso lo acompañaba en 2005 un séquito de naturaleza granítica. Su padre, José Luis, extrabajador de una fábrica de explosivos en Asturias, su exmánager Luis García Abad, sus fisioterapeutas Fabrizio Borra y Edoaldo Bendinelli y siempre en la sombra o en la distancia Flavio Briatore.
Un haz de luz
En noviembre de ese mismo año, en un evento para celebrar la conquista del título en Brasil, Alonso conoció a su exesposa Raquel del Rosario, cantante del Sueño de Morfeo y desde ese momento un haz de luz para toda la tropa de españoles que cambiaron su vida para seguir a Alonso por los circuitos del mundo.
El resto de la historia es conocida hasta completar veinte años en la primera línea del deporte. Alonso se fue a McLaren en aquel año terrible y diferente con Hamilton, regresó a un Renault que ya no ganaba, fichó por Ferrari en 2010 en la que se creyó la alineación premium con el mejor piloto y el mejor coche, Red Bull y Vettel impusieron su ley, el español regresó al peor McLaren de la historia con motor Honda.
Se retiró en un hasta luego en 2018, buscó nuevos desafíos en las 24 Horas de Le Mans, la Resistencia, el Dakar, las 500 Millas de Indianápolis... Regresó a la Fórmula 1 en 2021 con el antiguo Renault, ahora Alpine, y cambió en 2023 a Aston Martin en el que ha sido su mejor año ya con el carnet de veterano de la F1: ocho podios en 2023.
La otra realidad es que Aston Martin no gana y Alonso no gana. No lo hace desde 2013 en el Gran Premio de España con Ferrari (12 años). La palabra mágica es Adrian Newey, el gurú de la aerodinámica que prepara el coche de 2026 que puede prolongar la historia de Alonso con la F1 (si va mal, dice él) o seccionarla para siempre (si va bien, puesto que quiere despedirse en la cumbre y dejando buen sabor).
Con el piloto ya no viaja su padre, quien prefiere ver las carreras por televisión en su casa de Oviedo. Tampoco su exmánager, Luis García Abad, hoy director del Gran Premio de Madrid de F1. Y por desgracia falleció su amigo, confidente y fisio Fabrizio Borra.
Alonso (44 años) es ahora un factor más en los entresijos de la F1 a través de su agencia de representación, 'A14 Management', que ha colocado al brasileño Gabriel Bortoleto en la élite y que aspira a hacerlo con otros pilotos, entre ellos el español Pepe Martín.