Según explicó a bordo del Air Force One, Estados Unidos ha comenzado a apropiarse de cargamentos de crudo, con un primer volumen de hasta 50 millones de barriles cuyo valor cifró entre 4.000 y 4.200 millones de dólares. Esos ingresos, dijo, se canalizarán bajo control estadounidense, al margen de Caracas, como herramienta de presión y de gestión directa de la transición. La Casa Blanca ha reforzado ese esquema con la incautación de al menos cinco petroleros y con una orden ejecutiva destinada a blindar los fondos petroleros frente a posibles reclamaciones judiciales.
Trump defendió que el control del petróleo es clave tanto para garantizar precios bajos de la energía como para condicionar el futuro político de Venezuela. En ese contexto, confirmó que su equipo está en contacto con las autoridades interinas encabezadas por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, a quien sitúa como interlocutora central en esta fase, al tiempo que mantiene abierta una vía paralela con la oposición democrática, incluida la anunciada recepción de María Corina Machado en Washington.
El presidente fue especialmente duro con Exxon, una de las grandes ausentes de los compromisos financieros que reclama la Casa Blanca. Dijo que no le gustó la respuesta de la compañía en un encuentro de directivos el viernes y la acusó de «hacerse la lista», deslizando incluso que podría dejarla fuera del reparto de oportunidades. Las declaraciones se dan por la cautela expresada públicamente por su consejero delegado, Darren Woods, quien advirtió tras la reunión en la Casa Blanca que Venezuela es hoy «no invertible», recordando las expropiaciones sufridas por la empresa en el pasado y la falta de garantías legales y de seguridad.
Frente a esa prudencia, Trump insistió en que las condiciones cambiarán porque ahora «tratan directamente con Estados Unidos» y no con Venezuela, y aseguró que las empresas estarán protegidas bajo su presidencia. Chevron, Repsol y Eni aparecen mejor posicionadas en este nuevo escenario, mientras Washington se reserva la potestad de autorizar operaciones y gestionar las ventas de crudo.
En el mismo intercambio con la prensa, Trump amplió el foco geopolítico y advirtió de que Estados Unidos contempla «opciones muy fuertes» frente a Irán si cruza determinadas líneas, subrayando que cualquier ataque a intereses estadounidenses o comerciales recibiría una respuesta «a niveles que no han visto jamás». Ese mensaje, unido al control del petróleo venezolano y a los contactos con Delcy, dibuja una estrategia en la que energía, presión militar y negociación política avanzan de forma coordinada desde la Casa Blanca.