MUCHO se ha hablado del nuevo error de protocolo de la pareja Pedro-Begoña con los Reyes en la recepción de la Conferencia de la ONU en Sevilla. Ahora para acá, ahora para allá, ahora le doy la mano, ahora me coloco por aquí, luego ... por allí. Parece que esta vez no fue culpa suya, pero es que llueve sobre mojado con los muy enamorados cónyuges. Y encima, como dice la chavalería, «por lo que sea» ya no se prodigan como antes de que conociéramos los tejemanejes de la consultora-directiva-especialista-en- mercadotecnia y administradora-de-negocios-varios. Y claro, cada vez que lo hacen les caen chaparrones gordos. Es lo que tiene. Mucho se ha hablado de ese momento y muy poco de la otra foto de familia del señor presidente junto al secretario general de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, y al resto de mandatarios. Bastante variopintos todos. Apenas hemos reparado en el señor que está justo detrás, a su izquierda. El hombre del turbante azul. Indio del mismo Bombay. Ese señor es ni más ni menos que el presidente del Banco Mundial. Ajay Banga se llama. Es decir, es uno de los principales responsables en el mundo entero en la lucha contra la desigualdad. Pudiera parecer que el Banco Mundial, con tan pomposo nombre, fuera la mayor entidad financiera del globo. Pero su función es otra muy distinta a la de obtener dividendos a cualquier precio. Su labor es la de asistir, económica y técnicamente, a los países en desarrollo. Realizar préstamos y donaciones para mejorar la sanidad, la educación o las infraestructuras en los lugares más remotos y que más lo necesitan. Casi nada.
Estos días, este señor, con su impoluto turbante azul, anda por nuestra tierra. Él, y muchos mandatarios como él, están tratando de buscar soluciones a los principales retos financieros a los que se enfrentan sobre todo los países del tercer mundo. Y lo hacen además, por primera vez, en un país del norte global. Nuestro país. Motivo para sentirnos orgullosos si no fuera porque quien preside el Gobierno de la nación anfitriona, ese señor que se hace un lío cuando tiene que saludar al Rey y al que Ajay Banga miraba desde el escalón de arriba en la foto oficial, está absolutamente rodeado -el tiempo y la Justicia dirán si también podrido- por la corrupción. Tanto, que prácticamente al mismo tiempo en que se retrataban juntos, el juez mandaba a la sombra a su número dos durante los últimos años por mangar todo lo mangable en empresas públicas. Y otro juez le decía al líder de su partido en Extremadura que eso de aforarse a la carrera, ni mijita. Por no hablar de Ábalos y sus amigas. Ni de su esposa. Ni de su hermano. Este es el país en el que vivimos. Uno en el que nuestro Gobierno ha sobrepasado todos los límites de la decencia. Y cuando nos exponemos internacionalmente la situación se agrava aún más, como si no fuera suficiente con los peligrosos desplantes a la OTAN. No somos dignos de acoger ningún encuentro internacional mientras no tengamos un Gobierno decente. Es así de triste. De duro. Y eso lo saben las decenas de mandatarios que nos visitan estos días en Sevilla. Y lo sabe Ajay Banga. O más le vale saberlo, porque como se descuide esta gente le manga hasta el turbante.
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