Pasaban unos minutos de las once de la noche cuando saltaban las alarmas: humo, fuego en el término de Cuevas del Valle, otra de las localidades también afectada hace algo más de tres lustros. La fuerza del viento del norte encallejonada por el valle llevaba a toda velocidad las llamas hacia Mombeltrán, ante la mirada atenta e incrédula de unos vecinos que apenas pudieron pegar ojo. La rabia y la «impotencia de pensar que alguien con mala intención pueda prender el monte», apuntó el alcalde. Aunque las causas del incendio están por determinar, aquí temen que otra vez la mano del hombre esté detrás de forma premeditada. Sin tormenta seca previa que hubiera podido impactar y prender, ni actividad humana de campamentos o tareas agrícolas por la zona, que saltase en un día de calor e intenso viento, al filo de la medianoche, cuando los medios aéreos no puede intervenir, aumenta esas sospechas.
La fuerza con la que soplaba Eolo, la abrupta orografía y la densa vegetación complicaban sobremanera dar al menos por estabilizado el incendio. Al caer la tarde, según las primeras estimaciones, ya había calcinado unas 600 hectáreas, con un perímetro que al llegar el ocaso todavía no había podido dar por fijado, pero sí se había logrado establecer «más cerca» del frente de llama que las previsiones nada halagüeñas de la mañana, a través de caminos, pistas forestales y carreteras asfaltadas.
Aunque ya había «pocas zonas con frente de llama activa», todavía está lejos de darse por controlado, según reconocía el director técnico de extinción, Ángel Iglesias. Las tareas están siendo «complejas».
El trabajo «excepcionalmente bien hecho» del amplio dispositivo -con cerca de 150 medios y casi 300 personas combatiendo por tierra y aire el incendio- permitía avanzar en la contención. Eso sí, sin bajar la guardia y muy pendientes del viento y sus cambios de dirección. De hecho, está siendo una de las claves en contra, junto a la topografía de piedras y grandes pendientes que hacen difícil trabajar a pie por tierra -inviable por la «peligrosidad» en la oscuridad- y entrar a la maquinaría pesada, así como el combustible a base de un denso y alto matorral y pinos en esa zona que había ido regenerándose tras el fuego de 2009 y que «genera una cantidad de combustión tremenda», coincidieron Iglesias y el alcalde de Mombeltrán. Si cualquiera de esas variables ya condiciona cómo se ataca un fuego forestal, «cuando se alinean -como en este caso-, la dificultad es extrema».
«Susto» para la UME
Una de esas lenguas de los varios focos que prendieron sorprendió a varios efectivos de la UME (Unidad Militar de Emergencias). Las llamas de varios metros de altura consumiendo sin piedad la masa vegetal saltaron a la pista y alcanzaron al vehículo motobomba, que quedó parcialmente quemado, con los efectivos de extinción a la carrera en lo que quedó en un «susto».
Si por el sur Mombeltrán está en el foco, por el norte, El Arenal, aunque en principio con las llamas a distancia de tener que tomar medidas de resguardo para la población en un incendio que está casi desde el inicio en un índice de gravedad 2 (el más elevado) y con el 'rojo' activado también por la confluencia de otros fuegos en Castilla y León. En 1, el que sobre las seis de la tarde del lunes saltaba en Villafranca del Bierzo (León).
La parte también negra de la jornada, la muerte en accidente de tráfico de un peón manguerista de una cuadrilla cuando acudía con su vehículo a sumarse al operativo.