La tumba está formada por un amplio muro con varios nichos coronados por un relieve de una figura femenina y otra masculina. La figura femenina es, sin duda, la gran protagonista del relieve. Lleva un peinado elaborado, joyas y unos símbolos que los expertos asocian con el culto a Ceres, la diosa de la agricultura. «Todo indica que era una sacerdotisa, una mujer de gran influencia en la vida religiosa de Pompeya«, comenta Valeria Amoretti, antropóloga. A lado de la escultura de la mujer está la de un hombre -quizá su marido o un pariente-, que aparece sereno, vestido con una toga. La piedra, trabajada con maestría, captura hasta el más mínimo detalle: las arrugas de las telas, la expresión tranquila de sus rostros... «Es como si estuvieran a punto de hablar», murmura uno de los restauradores mientras limpia con cuidado un fragmento del relieve. La calidad del tallado de las esculturas y sus características arcaicas sugieren una datación del periodo republicano tardío (aproximadamente entre el siglo II a.C. y el 49 a.C.).
La tumba está ubicada junto a la antigua vía que conectaba Pompeya con Nola. En la década de 1990, durante unas obras, se descubrieron más de 50 sepulturas. Podría decirse que esta tumba monumental, oculta bajo capas de tierra y ceniza, es la joya de los descubrimientos realizados hasta ahora en la necrópolis de Porta Sarno. Delante de la fachada de la tumba se encontraron restos de cerámica, en su mayoría fragmentos de vasijas, de ungüentarios y trozos de un espejo de bronce. Los restos de objetos encontrados indican visitas continuas de los familiares al espacio funerario. El frasco de ungüento de vidrio roto proporciona evidencia clara de los ritos de libación realizados en la tumba del difunto con aceites perfumados.
Los pompeyanos creían que la muerte no era el final. Las libaciones podían tener lugar en el lugar de cremación durante la preparación y la quema del cuerpo en la pira, en la tumba durante los procedimientos que rodeaban el entierro de la urna en su lugar de descanso final, o durante las visitas para conmemorar la memoria del difunto. Los perfumes eran una parte esencial de los rituales funerarios, para contrarrestar el hedor impuro de la muerte que emanaba de la descomposición y cremación del cadáver.
La pareja de esculturas será una de las estrellas de la exposición 'Ser mujer en la antigua Pompeya', que se inaugura el 16 de abril. Los visitantes podrán observar en directo cómo los expertos las restauran. «Es una oportunidad única -dice Gabriel Zuchtriegel, director del Parque Arqueológico-, ver cómo resucitamos el pasado«. Gabriel Zuchtriegel añade: «Esta campaña de excavaciones es una valiosa oportunidad para ampliar las actividades de investigación y puesta en valor de la zona extramuros de Pompeya». El director del Parque, Gabriel Zuchtriegel, ha elogiado la labor del profesor Llorenç Alapont: «Gracias a la colaboración con la Universidad de Valencia, a la que también debemos el descubrimiento hace unos años de la tumba de Marco Venerio Secundio en la misma zona, ha sido posible trabajar en un proyecto multidisciplinar que ha contado con la participación de diversos profesionales en las distintas fases, como arqueólogos, arquitectos, restauradores y antropólogos».
La tumba con las esculturas de la pareja nos revela detalles significativos sobre el rito funerario, pero la de Secundio nos enseñó particularidades sobre las jerarquías sociales en Pompeya. Sin duda, merece la pena destacar la investigación del profesor Llorenç Alapont en esta zona de Pompeya. No es casual que el director Zuchtriegel lo haya citado también por su descubrimiento de la tumba de Marco Venerio Secundio, en 2021, que revolucionó lo que sabíamos sobre los ritos funerarios pompeyanos. La primera sorpresa se produjo con la inscripción en la que se explicaba que Secundio había sido un esclavo que trabajaba en la administración de la ciudad y servía en el templo de Venus. Tras su liberación, pasó a formar parte del Colegio de los Augustales, encargados del culto al emperador, y debió alcanzar un alto nivel económico y social.
Solo así se explica que pudiera permitirse la construcción de este magnífico mausoleo y el pago de cuatro días de espectáculos en griego y latín, como puede leerse en la lápida. «Es la primera constatación de que en Pompeya se celebraban obras de teatro y de canto en griego», explicó en su día el profesor Alapont. El gran valor de esta tumba está también en el hecho de que Secundio, cuyos huesos muestran que falleció cuando tenía unos 60 años, eligió ser inhumado, en un periodo en que este rito funerario solo se usaba para los niños pequeños, mientras que el resto elegía la cremación. Secundio decidió diseñarse una tumba con una cámara funeraria que albergara su cuerpo. Además, fue embalsamado, lo que ha permitido que llegara, en parte momificado, hasta nuestros días y puedan verse así restos del cabello y del cartílago de una oreja, que fueron estudiados junto a otros tejidos por la Unidad de Análisis Químico de la Universidad de Valencia.