El hijo del sah de Persia asume desde el exilio el liderazgo de las protestas en Irán

Pese a las llamadas del Líder Supremo, el ayatolá Jamenei, a la calma, y el bloqueo intencionado de internet para evitar la comunicación entre los manifestantes, la protesta en Irán no se apaga en Teherán y en las principales ciudades.

Comenzó el 28 de diciembre, como un movimiento casi espontáneo de cólera de los comerciantes por el desplome de la moneda y el alza de precios, y ya se ha convertido en una protesta global contra la dictadura jomeinista. La peor desde la muerte de la joven Mahsa Amini en 2022 por negarse a portar el velo.

Los últimos informes de oenegés –recogidos por la 'BBC'– dan noticia de al menos 45 muertos, varios de ellos agentes antidisturbios, y numerosos incendios de edificios en Teherán y en la segunda ciudad, Mashad.

Los manifestantes, en gran parte estudiantes, gritan «¡Muerte al dictador!», una referencia a Jamenei, y en muchos vídeos subidos a la red se repite también el lema de «¡Larga vida al sah!». El hijo del último monarca de Irán tenía 18 años en 1979 cuando su familia se vio obligada a partir al exilio con la llegada del ayatolá Jomeini. Completó su formación en Estados Unidos y reside en Washington, desde donde ha multiplicado su actividad política de la mano de los republicanos.

En un caso que recuerda un poco al de María Corina Machado en Venezuela, el presidente Trump se resiste a entrevistarse con Pahlevi y darle su apoyo porque siente que no es el líder más adecuado para derrocar a los clérigos, pero estas protestas están oyendo su nombre coreado en las calles de Irán como nunca antes.

Combinación de factores negativos

Que el régimen teocrático iraní sea capaz de acallar estas protestas –como en casos anteriores– solo el tiempo lo dirá. Pero lo cierto es que el sistema creado hace 45 años por Jomeini, para imponer una república dirigida por la ley religiosa islámica, la sharia, no había experimentado antes tal combinación de factores negativos.

A la desastrosa situación económica, con el rial en caída permanente frente al dólar y la escalada de precios, se suman los reveses sufridos por la diplomacia iraní, que desde hace décadas aspira a convertirse en un polo de poder en toda la región. El régimen de Teherán acaba de ser expulsado de Siria, tras la caída del dictador Bashar al Assad, se ha debilitado en el Líbano con la derrota de Hizbolá en su pulso con Israel, y todo indica que en breve será neutralizado en Venezuela, su cabeza de puente para el continente americano.

En sus adversidades anteriores, el régimen teocrático iraní ha demostrado sin embargo ser muy resiliente. No es lo mismo expulsar a un dictador suní –en su día, el califa– que no cuenta con el respaldo de una estructura clerical, inexistente en ese mundo, que poner fin a un régimen chií con raíces en todo el país después de medio siglo en el poder, y que cuenta además con el respeto religioso hacia su estamento de clérigos.

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