La ruta de Carlos V en La Vera

Aunque cada primer fin de semana del mes de febrero se celebre una cita multitudinaria con actividades dirigidas a recrear el ambiente y el modo de vida del siglo XVI, el camino -que también puede ser recorrido a caballo- se puede disfrutar todo el año. No entraña dificultad, y sus diez kilómetros lo hacen accesible a todas las edades con postales como las que deja el puente Parral hacia Aldeanueva o la fuente de los Ocho Caños en su camino hacia el monasterio rodeado de pinos, alisos, fresnos y chopos.

La naturaleza y la historia no son los únicos alicientes para viajar hasta este enclave. También su arquitectura popular, en conjuntos históricos como el de Cuacos de Yuste (Cáceres), con casas serranas de mampostería, adobe y entramado de madera, con sus clásicas fachadas porticadas. Algunas íntimamente relacionadas con los últimos compases de vida de Carlos V, como la plaza de Juan de Austria, con una planta semicircular porticada que reflejan el aspecto que debía tener en su época. Entre otras construcciones protegidas, está la Casa Jeromín, en la cual habitó 'Jeromín', nombre que dieron a Juan de Austria, hijo bastardo del emperador, cuando conoció a su padre durante sus últimos días en Yuste.

 

Fachada de una de las casas de Cuacos de Yuste Álvaro Fernández-Prieto

La zona alberga otras curiosidades, como el único cementerio militar germano de toda España, a los pies del conjunto monacal, con los restos de 180 soldados fallecidos durante la I y la II Guerra Mundial en España o cerca de sus costas. No menos singular es el espectacular mural que, a unos veinte kilómetros de allí, luce en la fachada de una de las casas de Arroyomolinos de la Vera. La obra, titulada 'Chamaleo Parsonii', es obra del artista Jesús Mateos Brea y fue seleccionada el año pasado como uno de los mejores murales del mundo por Street Art Cities, una plataforma internacional que promueve el arte urbano.

La comarca atesora, además, una idiosincrasia propia vinculada a algunas de las actividades agrarias históricas como la del pimentón de la vera que, junto al cultivo del tabaco, han dado sustento desde hace siglos a sus pobladores. Este emblemático e identitario producto tiene su museo en la localidad de Jaraíz de la Vera y se puede visitar de forma gratuita. Así, la gastronomía también se erige como un pretexto que justifica pasar unos días en ese entorno que habitó el emperador.

Retablo del 'Juicio final' de la iglesia del monasterio de Yuste Álvaro Fernández-Prieto

Parte de ella está vinculada al legado que Carlos V dejó allí con su gula insaciable. Además de traer la cerveza alemana y flamenca que, además del vino de Pitarra extremeño, saciaba su sed -para ello se llevó un grupo de maestros cerveceros procedente de los Países Bajos-, exprimió a sus cocineros creando platos que contentaran y calmaran los dolorosos ataques de gota que sufrió desde los 28 años. Ni enfermo renunciaba a engullir -su marcado prognatismo no le permitía mucho más- las ostras de Ostende, las angulas, las empanadas de anguila, las lampreas que hacía llegar desde Sevilla, las sardinas ahumadas y mucho menos a la caza y las carnes rojas que llenaron de cristales de ácido úrico su maltrecho cuerpo -que acabó matando el paludismo-.

Lejos de aquellos pantagruélicos festines, los restaurantes de la zona honran el legado culinario que introdujo con recetas que se inspiran en él y que ponen en valor los productos de la zona como la cabra verata, sus quesos, los embutidos de caza o elaboraciones ancestrales como el tasajo -tiras de paleta de cerdo adobadas con pimentón y secadas al natural-. Algunos de estos establecimientos están asociados a un sello de calidad, llamado Fogones Imperiales. Quienes están adheridos a este club de producto turístico están obligados a explorar en sus menús el recetario renacentista que ha llegado hasta nuestros días gracias a joyas como el libro 'Guisados, manjares y potajes de Ruperto de Nola' -de cuya traducción del catalán y primera impresión en Toledo se cumplió el pasado día 22 justo cinco siglos-. Conviven con una tradición culinaria muy arraigada en platos como las migas veratas, el zorongollo de pimientos, la caldereta de cabrito o las patatas revolconas.

Platos que pueden disfrutarse en espacios gastronómicos como el restaurante Abadía de Yuste, en Cuacos de Yuste, en el que cuentan con un menú 'Carolino' por 49 euros por persona, ejecutado por el cocinero Rubén Hornero. En Jarandilla de la Vera, la cocina popular con una mirada renovada tiene una parada en el Mesón El Labrador. En la misma localidad, en uno de los parajes naturales que forman parte de la ruta del emperador, frente al puente del Parral que cruza la garganta de Jaranda, está Veratus. Tanto este espacio con terraza al aire libre -con un menú corto de 55 euros y otro largo por 75 euros rubricados ambos por el chef Ángel Sánchez-, como Al Norte, el modesto local de fusión culinaria de la chef Ruth Vicente, están recomendados por la guía Michelin. En ella, aparece asimismo reconocido con un Bib Gourmand -el sello con el que la compañía de neumáticos reconoce a las mejores relaciones calidad-precio- Villa Xarahiz, en Jaraíz de la Vera, una casa familiar en manos de los hermanos Arjona -Pilar y Víctor- con un menú degustación de siete pases por 55 euros con la despensa de la zona como protagonista. También cuentan con carta y en ella son reconocidas sus 'migas de la abuela Fidela'.

Imagen principal - Pimentón de La Vera (arriba); Zorongollo (abajo izquierda) y migas veratas del Mesón del Labrador (derecha)
Imagen secundaria 1 - Pimentón de La Vera (arriba); Zorongollo (abajo izquierda) y migas veratas del Mesón del Labrador (derecha)
Imagen secundaria 2 - Pimentón de La Vera (arriba); Zorongollo (abajo izquierda) y migas veratas del Mesón del Labrador (derecha)
Pimentón de La Vera (arriba); Zorongollo (abajo izquierda) y migas veratas del Mesón del Labrador (derecha) Álvaro Fernández-Prieto

Entre gargantas y leyendas

Con el buen tiempo, esta comarca se convierte en un hervidero de turistas que buscan bañarse en alguna de las numerosas piscinas naturales que se forman en sus numerosas gargantas. La del cauce que forma la de Pedro Chate acoge en su parte baja una de las más conocidas -y también de las más grandes-, El Lago, en Jaraíz de la Vera.

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    Mesón El Labrador, Al Norte y Veratus. En Jarandilla de La Vera.

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    Villa Xarahiz. En Jaraíz de la Veray con un Bib Gourmand.

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    Abadía de Yuste. Cuacos de Yuste (Menú carolino, 49 euros).

Hay más. Están otros enclaves naturales en los que la calidad de su agua es protagonista como la Cascada del Diablo o la garganta de Los Minchones, ambas en Aldeanueva de La Vera. O las Pilatillas, en Garganta de la Olla, donde además hay un mirador dedicado a la Serrana de La Vera, un personaje mitológico femenino, casi salvaje, que amparada en la fragosa sierra de Tormantos, encandilaba a los hombres con los que se cruzaba para después matarlos.

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