Crítica de cine
'Los domingos'
- Dirección Alauda Ruiz de Azúa
- Intérprete Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Miguel Garcés, Juan Minujín, Mabel Rivera
En 'Cinco lobitos' encontró el modo de narrar con sutil precisión toda la coreografía sentimental, las dudas, los vértigos, las hipotecas y los apegos indescifrables de una madre hacia su bebé recién nacido. Ahora, en 'Los domingos', emprende una tarea narrativa que camina por un cable de tensión todavía más fino, encontrar en la pantalla el color, la forma, el tacto y el sonido de lo puramente espiritual: la atención de su joven protagonista para escuchar, o no, la llamada de la fe; es decir, ver en su interior la voz de Dios y sus señales para dedicarle el resto de la vida.
Estas dos películas, 'Cinco lobitos' y 'Los domingos', son enteramente suyas, con un guion propio y afinado en todas sus esquinas y con una puesta en escena cuya sencillez y transparencia no oculta la enorme ambición estética y elocuente narrativa en la composición del plano y el fluido ágil de las secuencias, que se rezuman significado unas a otras. No se podría contar bien las excelencias del argumento de 'Los domingos', tan arriesgado y 'transgresor' en el panorama cinematográfico actual, sin construirlo y filmarlo con una mirada tan ancha, penetrante y equilibrada para mostrar, afilar y pulimentar sus aristas, y presentarlo tan refinado en lo carnal y tan colmado en lo espiritual.
Es la historia de Ainara, una joven de 17 años que, en su último curso de colegio y antes de lanzarse a la Universidad y a la vida, se plantea con seriedad y con ciertas incertidumbres entrar en un convento de clausura. Perdió a su madre muy joven, y lleva una vida corriente junto a su familia, sus dos hermanas, padre, tía y abuela, y junto a su círculo de amigos y compañeros, con los que comparte de modo natural esos entusiasmos juveniles y carnales propios de la adolescencia, y sin ocultar su inevitable atracción por la vida que le ofrece el retiro religioso.
La directora busca organizar lo profundo de su mensaje en el rostro de Ainara y en la sugerente expresión de sus dilemas y la fuerza y variedad de sus 'llamadas', la de su familia que no la entiende, la de esos primeros amoríos que traen un compuesto de atracción y rechazo, como las dos partes del imán, la llamada suave, razonada, de sus consejeros espirituales, una religiosa serena y un cura joven y optimista, y naturalmente la llamada de Dios, que es la que espera oír con más fuerza que ninguna otra.
Es una película de intriga, de razonable suspense y que le propone al espectador el ejercicio de sentir, implicarse y reflexionar y compartir los diversos argumentos que se cruzan en el alma de Ainara y en todos los protagonistas a su alrededor. Están magníficamente edificados los personajes de su mejor amiga, de la priora del convento, de la familia, especialmente el padre y la tía, y por supuesto el de Ainara, una chiquilla serenísima frente a sus influencias, desde las mundanas a las espirituales. Y es la cámara de Alauda Ruiz de Azúa (bien gobernada y muy expresiva por el trabajo de fotografía de Bet Rourich) la que atrapa todos los condimentos de la trama y todos los detalles, visibles e invisibles, subrayados o sugeridos, de las excelentes interpretaciones de los actores. Y todo está ahí libre, pormenorizado y servido para que cada uno pueda ver, sentir y pensar aquello que prefiera ver, sentir y pensar.
La actriz novel Blanca Soroa entiende y hace entender a su complejo personaje, tan sincero, tan firme, y es una maravilla cómo lleva el suyo Patricia López Arnaiz, que lo agiganta en su trayecto por la comprensión y por la vehemencia, y a punto está de colocar en primer plano sus propias dudas, obsesiones y dilemas, existenciales y matrimoniales (excelente personaje el que levanta hasta ponerlo de puntillas Juan Minujin, un marido que marida el ateísmo con la santidad). Y urdidos con inteligencia todos, desde el padre sin suerte ni talento de Miguel Garcés a la monja llena de inteligencia emocional y de siglo que interpreta Nagore Aranburu.
Una película tan a contrapelo y tan luminosa, y a la vez tan profundamente actual y con tan perfilados claroscuros, que sería perfecta para seguir con ella diez o doce folios más. Tienen suerte de que esto de aquí es el punto final.