Afortunadamente, estas situaciones no se suelen dar, pues los protocolos en los hospitales españoles para administrar este tipo de fármacos inciden incluso más en la seguridad que los que se utilizan para el resto de medicamentos. Esto ocurre porque los medicamentos para tratar el cáncer se consideran de alto riesgo, ya que muchas veces se utilizan dosis límite que buscan destruir las células pero que generan toxicidad, de manera que su control es fundamental, explica Garbiñe Lizeaga, coordinadora del Grupo de Farmacia Oncológica (Gedefo) de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH).
Por ello, las dosis para este tipo de tratamientos se hacen paciente a paciente, usando para calcularlas datos como la talla y el peso del enfermo, su superficie corporal o el aclaramiento de creatinina, es decir, lo que elimina el riñón, entre otros aspectos, apunta Lizeaga. «Esto hace que los tratamientos de cáncer normalmente sigan circuitos de prescripción, elaboración y administración distintos dentro de los hospitales, con puntos de seguridad más desarrollados y concretos que la mayor parte de las medicaciones», concreta.
Casi todos los centros, si no todos, utilizan como apoyo un sistema informático que utilizan para hacer los cálculos de dosis, para la prescripción e incluso para la elaboración y administración de los medicamentos. Pero todo el proceso debe validarse con una doble verificación.
Límites de dosis
Así, una vez escogido el tratamiento, el sistema, de forma automática, calcula la dosis individualizada para ese paciente usando para ello herramientas de seguridad que limitan los rangos de dosificación, primando su seguridad. Y posteriormente genera unas etiquetas identificativas para que en la fórmula conste el nombre del enfermo al que se le administrará esa medicación. Pero después un farmacéutico hospitalario realiza ese doble chequeo para garantizar que el tratamiento y cantidad prescritos son los correctos. En los casos en que no existe ese sistema informático, la verificación llega por parte de dos profesionales.
Todo medicamento que sale de la farmacia del hospital para ser administrado a un paciente, por tanto, lleva en sus etiquetas el nombre de la persona que lo recibirá y ha pasado un proceso de control en el que se ha verificado su idoneidad, tanto sobre el medicamento concreto como sobre la cantidad. La «pesadilla» de los farmacéuticos con estos tipos de tratamientos, expone Lizeaga, son los medicamentos que tienen distintas concentraciones comerciales, que son los menos, y en estos casos los profesionales están muy encima para evitar ese tipo de fallos.
Todo medicamento que sale de la farmacia del hospital para ser administrado a un paciente ha pasado por un proceso de control
«El proceso de prescripción, elaboración y administración de la quimioterapia está estandarizado y recogido en las guías de calidad. Cualquier centro terciario tiene que tener escritos los procedimientos y establecer controles, que aunque pueden variar según centros están universalmente establecidos«, completa la coordinadora del Grupo de Farmacia Oncológica de la SEFH.
Además, todos los hospitales tienen un farmacéutico pendiente las 24 horas del día, aunque no sea de forma presencial, de manera que si se requiere su atención durante la noche o en días no laborables el profesional está disponible para ello.