Según el relato trasladado a ABC, en medio de la humareda pudieron ver que el preso estaba tendido en el suelo, en mal estado pero consciente. El siguiente paso fue auxiliarlo, ponerle las esposas y sacarlo de la celda. Posteriormente, indican las mismas fuentes, fue necesario trasladar a todos los internos en esta galería debido a que el humo se extendió y afectó a toda la instalación. Desde el sindicato Tu abandono nos puede matar (TANPM) denuncian que los funcionarios que se vieron obligados a intervenir en el suceso «ni son bomberos ni tienen la ropa adecuada para este tipo de cometido». Tampoco, reprochan, cuentan con los medios materiales para poder extraer a una persona de la celda sin poner en riesgo su integridad física.
Por suerte, explican, ese día había en el penal pontevedrés un médico y un enfermo, algo que, insisten desde el sindicato, «no siempre ocurre». Para evitar situaciones de riesgo como la vivida en A Lama, los funcionarios de prisiones exigen mayor formación y calendario de prácticas con simulacros, medios materiales actualizados y que «desde la secretaría general se apueste por la seguridad e integridad física de sus trabajadores». Su queja tiene como telón de fondo la necesidad, aseguran, de modificar un marco jurídico que está obsoleto (1979) y que implica «combatir la delincuencia en el interior de las cárceles con medios del siglo pasado».