El precursor de todo esto fue la presentación de la saya del arco, con la que está inmortalizada la Macarena en su emblemático azulejo, una obra del año 1900 que iba a juego con el manto camaronero —un conjunto con el que Rodríguez Ojeda evolucionó el atavío de las imágenes— y que se perdió en 1936 durante la Guerra Civil. El taller de Sucesores de Elena Caro la reprodujo, estrenándose en el 2000. Pero aquello fue un hecho aislado que no tuvo seguimiento hasta ocho años más tarde, cuando el taller de Santa Bárbara materializó el diseño rescatado por Javier Sánchez de los Reyes de una túnica también de Juan Manuel estrenada en 1894 por el Cristo de las Tres Caídas de Triana, cuyos bordados habían acabado en un manto de camarín de la Virgen. Ese sí fue un auténtico detonante para que muchas otras corporaciones apostasen en adelante por recuperar piezas textiles que habían perdido a lo largo de su historia.
El propio Javier Sánchez de los Reyes es el artífice de muchos de los diseños para recuperar estas obras perdidas de las cofradías, por lo que es uno de los mayores conocedores de esta corriente historicista, asegurando que rescatar esos diseños «aporta mucho al conjunto de la Semana Santa, más que algo nuevo, ya que un nuevo diseño tiene que ser una absoluta genialidad para que destaque, y no todo lo es». Cree que esta inquietud en el seno de las hermandades se basa en «recuperar identidad» y que constituye una «visita al pasado, redescubrir qué somos y de dónde venimos». También hace hincapié en que, aunque las cofradías valoran mucho su historia, anteriores generaciones veían como algo inviable e irrecuperable el hecho de volver a realizar las piezas que se habían perdido. Hoy hay más medios y es algo que en muchos casos «entusiasma más a los hermanos que una obra de nuevo cuño que no tiene esa solera o sello de pertenencia».
Entre los proyectos que hay sobre la mesa destaca el anunciado hace pocos días, la recuperación del espectacular manto de salida de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad de la Carretería, una obra confeccionada en 1886 por las Hermanas Antúnez que se perdió en un incendio en 1955. Después de tres años y medio de estudio y trabajo por parte del proyectista Gonzalo Navarro, ahora ve la luz este ambicioso proyecto de hermandad que se desarrollará en los próximos años en un taller aún por determinar.
Otra obra que verá antes la luz es la túnica bordada de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la O, que avanza a buen ritmo y podrá estrenarse en principio en la Semana Santa de 2027. Se trata de una nueva obra que replica la original confeccionada por las Hermanas Antúnez en 1891, que cayó en desuso por el auge de las túnicas lisas el pasado siglo y cuyos bordados fueron reutilizados para enriquecer el ajuar de la Virgen tras los sucesos de la guerra. Ahora, el diseño de Sánchez de los Reyes está volviendo a materializarse en el taller de Santa Bárbara. Su autor destaca como valor añadido de esta obra que «no sólo recupera el dibujo, sino también el patrón» de aquella época, al tratarse de una túnica más larga y ancha como solían serlo las de finales del XIX y como puede verse en las fotografías anrtiguas.
Pero no son los únicos estrenos del pasado que tendrá la Semana Santa de Sevilla. Las hermandades de la Amargura y la Macarena han presentado también en los últimos meses la recuperación del diseño de sendas túnicas bordadas para sus titulares cristíferos. Así, las Hermanas Rama ejecutarán el diseño de Antonio Castro que reproduce la túnica de los dragones del Señor del Silencio, obra juanmanuelina de 1899 cuyo diseño se atribuye a Amián; mientras que la Macarena ha confiado en Sergio Cornejo para recuperar el diseño de la túnica de los cuernos de la abundancia dee Celestino Rodés datada en 1869.
Obras ya estrenadas
Las hermandades que actualmente apuestan por estos trabajos tienen espejos en los que mirarse. La lista de elementos patrimoniales recuperados en este último período es larga. Entre ellos, se pueden citar algunos como la túnica bordada del Señor de la Salud de los Gitanos ejecutada por Sucesores de Elena Caro reproduciendo la pieza de finales del XIX anónima (aunque atribuida a Rodríguez Ojeda) que se perdió en el incendio de 1936. La hermandad recuperó la antigua impronta del Señor en la calle en la Madrugada de 2019 y el Vía Crucis de las Cofradías de 2020. Otro gran estreno en ese sentido fue el manto de la Virgen de la Quinta Angustia, ejecutado por Santa Bárbara en 2023 bajo diseño de Sánchez de los Reyes, quien a través de los escasos recursos documentales de la época pudo reconstruir el manto decimonónico de Teresa del Castillo diseñado por Antonio del Canto y perdido también en la guerra.
Precisamente esa labor de rescatar los antiguos diseños, reconstruirlos o acabarlos cuando no se dispone de imágenes o dibujos de ellos al completo es uno de los mayores impedimentos que se encuentra el artista para poder darles una segunda vida: «Sólo hay fotografías de las obras puestas sobre las imágenes y hay algunos ángulos muertos que faltan». Por eso, cobra especial importancia «cogerle el ritmo al artista, haber estudiado mucho su obra y tener intuición». Así, aunque el diseño resultante pueda no ser completamente exacto, es lo más parecido posible al original y al que el primer autor habría hecho.
Las sayas para imágenes de la Virgen son algunas de las piezas que más se han rescatado del cajón del olvido en los últimos tiempos. Así, puede apreciarse la saya que portaba la antigua Virgen del Patrocinio cuando pereció en el fuego de 1973, una obra de Olmo en 1926 con diseño de Herminia Álvarez Udell que fue recuperada para el cincuentenario de la imagen en 2023. También cabe destacar el diseño y color original de la saya de finales del XIX atribuida a Rodríguez Ojeda para la Estrella, que la hermandad conserva pero muy alterada, recuperada en las bodas de plata de la coronación en 2024; o la saya de las cadenas de la primitiva Virgen del Mayor Dolor, perdida en el incendio de la capilla de las Aguas en San Jacinto en 1942 y rescatada el pasado año para el 275 aniversario fundacional. En los tres casos el diseño corrió a cargo de Sánchez de los Reyes, siendo la ejecución de las dos primeras de Francisco Carrera Iglesias y la de las Aguas de Joaquín Salcedo.