La razón fundamental la dio el hermano mayor de la Amargura, Aníbal Tovaruela, durante la comida tras la función principal de instituto: el 18% de la nómina es ya de fuera de Sevilla y sólo el 6% es de nacimiento. Esto, para una hermandad tradicionalmente familiar, y casi sin barrio, significa que está cambiando por completo las características de su cuerpo social. Ya la gente no se hace hermana por ser la que está más cerca de su casa -salvo en las de los barrios- sino por lo que representa la cofradía en la calle. La puesta en escena se ha convertido en puro marketing, que ha encontrado su mejor altavoz en las redes sociales y en Youtube.
Uno puede ya, desde cualquier teléfono móvil, ver el recorrido completo de un paso. Ya ni siquiera es la Campana el origen mediático del crecimiento cofradiero. La difusión de los cultos y la profesionalización de la comunicación que gira en torno a estas corporaciones ha logrado que cualquier persona que no pueda vivir el día a día de la hermandad de forma presencial, lo haga desde la distancia.
Si hace 30 años fue la incorporación de las mujeres, que hacen que las listas sean ya casi paritarias; el éxodo poblacional hacia el área metropolitana hizo que algunas cofradías como San Gonzalo tuvieran un crecimiento sostenido que hoy perdura. Sin embargo, el salto cualitativo está en cómo la Semana Santa ha trascendido las fronteras de la provincia. Esa ley del 20%, o quizás más en algunos casos, es lo que explica el fenómeno por el que se han reventado ya las costuras. Esto va a más, en lo positivo, y también en lo negativo. Por eso, urge ya un debate de fondo y de formas.