«Pocas ciudades europeas combinan historia, belleza y transitable de forma tan seductora como Sevilla, en el sur de España, cálida incluso en invierno y perfumada por las flores de unos 40.000 naranjos», es la entradilla elegida por el periodista Andrew Ferren, que hace alusión a los orígenes de la ciudad, desde su huella romana hasta la musulmana pasando por la mano de la Reconquista cristiana. «La capital de Andalucía cumple muchos requisitos para los viajeros que buscan la España por excelencia: flamenco, gazpacho, corridas de toros y coloridos azulejos de cerámica», subraya.
La visita comienza un viernes a las 15.00 de la tarde desde la Plaza de la Encarnación, vulgo las Setas de Sevilla. Allí se detiene para coger algo de fuerza en el restaurante 'La casa del tigre', del cual describe su menú de tapas, ingredientes y sabores clásicos, con suma presencia de huevos y camarones, insiste. Una vez iniciado el recorrido, el Times se da un paseo por la Sevilla más artesanal, la de aquellos comercios de siempre. De ahí que haga parada en Tenderete, de Pilar Gavira, donde se venden productos de cerámica de toda índole. También hay tiempo para poder probarse «los mejores sombreros» de Antonio García, un establecimiento fundado en 1847. «Los favoritos de los jinetes andaluces», reseña el autor de la pieza.
A partir de las 19.00, el periodista del New York Times va en busca de flamenco en la capital. Y asegura encontrarlo en Casa Inquieta, «un nuevo bar de tapas y restaurante multiespacio que ofrece actuaciones de flamenco los fines de semana». Acto seguido uno de los periódicos más influyentes del planeta recomienda el Sissí, «que combina un piano bar retro con bolas de espejos, láseres y pistas de baile de los 80 y 90 para mayores de 35 años», sostiene. Ahí concluye la noche antes de que el sábado a las 9.00 de la mañana el corresponsal del diario con sede en Nueva York coja fuerzas con «unas tostadas de jamón ibérico y churros con chocolate» en el Bar Papanatas. De ahí se encamina hacia el Museo de Bellas Artes, al que sólo ve superado en España «por el Museo del Prado en Madrid, en cuanto a calidad y variedad del arte español», matiza.
El sábado, por Triana; el domingo cita en Feria
The New York Times cita a Velázquez, Zurbarán y Murillo como grandes acompañantes de una mañana apasionante entre lienzos y no menos esculturas. No en vano continúa con una curiosa visita hacia un anticuario de Sevilla, uno especializado en mapas antiguos, como es el de Laurence Shand, ubicado en calle Bailén. Ahí decide cruzar la orilla y plantarse en Triana. «Cruza el puente de Isabel II para disfrutar de unas vistas magníficas y luego sube por Pureza, una calle que ofrece una dosis concentrada del encanto de Triana», arguye el periodista, recomendando sitios como Arte y Pureza, La antigua abacería o la propia entrada en la parroquia de Santa Ana, templo primero del trianero. «No te pierdas el pequeño tesoro en la galería abovedada del sótano», añade.
Tras una parada para almorzar en el restaurante María Trifulca al mediodía de sábado, el redactor del Times se dirige a disfrutar del sabor de lo añejo textil en los mercados de Feria. Enumera por exponer algunas tiendas como Antro, Wonder Vintage y Nonna's Vintage, así como Rómula, para los amantes de la ropa que cuentan con una segunda oportunidad. Recomienda la parrilla de un restaurante libanés, Zoco, también en Feria, y el domingo lo deja para las visitas más tradicionales, aunque olvida mencionar a la Giralda y su monumental importancia en el espacio que conforma junto a la Catedral.
Tira de brunch para recargar pilas en La Cacharrería y distingue la categoría del Palacio de las Dueñas. «Once patios ajardinados, perfumados con mirtos, magnolios y limoneros, cuentan con abundantes fuentes y algunos están decorados con hermosas antigüedades, tapices y cuadros que cuelgan de las arcadas», puntualiza. Recomienda en paralelo «la fabulosa Casa de Pilatos», antes de poner fin a este viaje de 36 horas en total en el que miles de lectores se sumergirán antes de tomar un avión y ver la capital con sus propios ojos en un marco de tiempo mucho mayor al demostrado.