«No creo que sea dramático para el Madrid que le ganáramos 4-2 y no entrara en el top-8. Lo dramático sería que les elimináramos ahora», aseguró ayer Mourinho, para muchos el entrenador que más ha respetado y querido Florentino en sus dos etapas como presidente del Madrid. A pesar de que el contacto no es tan intenso como antes, ambos mantienen una buena amistad, y la admiración y el cariño son recíprocos: «La última vez que hablé con él fue cuando fiché por el Benfica. Me escribió y me dijo que ya era hora de que volviera a entrenar a un grande», confesó Mourinho.
El técnico luso calificó sus tres años en el banquillo del Madrid como «intensos, duros y casi violentos», en una confesión nunca antes hecha por el portugués. Con él como entrenador blanco, se traspasaron rayas que no se habían traspasado hasta entonces en la centenaria historia del club, pero Florentino estuvo siempre a su lado. Entendía que tras seis años sin pasar de octavos en Champions y con el mejor Barça de la historia al otro lado del puente aéreo, Mourinho era el entrenador ideal para el Madrid.
Para bien y para mal: «No cambiaría nada porque no se puede cambiar nada y no me voy a machacar la cabeza. Tengo la conciencia tranquila. Yo debo de ser uno de los pocos entrenadores que ha salido del Madrid sin ser despedido. Nos separamos en el momento justo, tanto para el Madrid como para mí, pero salí con alma limpia. Nunca he olvidado lo que me dijeron el presidente y José Ángel: 'Ahora viene lo bueno y lo fácil. Lo difícil está hecho'». Lo difícil fueron cinco Champions en once años y casi una treintena de títulos en total.
Mourinho ganó una Liga, una Copa y una Supercopa de España. Y llegó a tres semifinales continentales. Pero a ojos del presidente, como también de Arbeloa, toda esa gloria post Mourinho no hubiera sido posible sin su paso por el Madrid, aunque el técnico portugués no se pone ninguna medalla: «Todo lo que ha hecho el Madrid después de estar yo allí me ha dado alegría, pero no siento que sea parte de nada. El mérito ha sido de quien lo ha ganado», dijo el luso en alusión a Ancelotti y Zidane.
Mourinho, que cumplió 63 años hace un mes, sigue siendo un personaje muy querido, no solo por el presidente y por Arbeloa, sino por un gran número de madridistas que le recibirán con mucho cariño dentro de ocho días en el Bernabéu. Tanto que ha surgido una corriente en las últimas semanas, sobre todo tras el despido de Xabi y el 4-2 de hace tres semanas, que aboga por su vuelta al banquillo blanco.
Parece complicado que, profesionalmente, Mourinho y Florentino puedan unir de nuevo sus caminos, y aunque en el fútbol y en la vida de hoy nada sorprende ya, el portugués muestra respeto por su club y no se pone a tiro del Madrid: «No quiero alimentar esta historia. Yo le puedo decir no al Madrid y a Florentino. Y, además, aunque tenga una cláusula liberatoria, tengo un año más con el Benfica y es un contrato especial firmado en periodo electoral. Me gustaría eliminar al Madrid de la Champions, pero me gustaría que Arbeloa ganase la Liga y se quedase muchos años porque tiene capacidad, personalidad y es muy madridista».
Como lo es Florentino y como lo fue (y asegura que sigue siendo) Mourinho, el entrenador que le hizo el trabajo sucio al presidente y al club blanco antes de que el Madrid firmara la mejor etapa de la historia del club, con permiso de la de Di Stéfano y Gento.