Es una forma de ganar presente en el fútbol nuestro —de Bilardo a Trapattoni, de Bordalás a Simeone— y que es central en el americano, con la Super Bowl de este domingo como mejor ejemplo: la victoria contundente de los Seattle Seahawks ante los New England Patriots estuvo basada en el dominio defensivo, en las jugadas de bajo riesgo y en la ausencia de errores.
Los 'highlights' de la NFL que cruzan el Atlántico quizás dan una imagen errónea de la esencia del fútbol. Los pases improvisados de Patrick Mahomes o las recepciones en escorzo de Justin Jefferson son la excepción, no la norma.
El fútbol americano es un deporte conservador, como resume una de sus grandes máximas: 'cuidar la pelota'. Perder el ovoide en un pase de riesgo o en un 'fumble' (cuando se escapa de las manos) penaliza mucho. En muchas ocasiones, el deporte rey de EE.UU. es una cuestión de gestión de errores: evitar los propios y provocar los ajenos.
Eso es lo que hicieron con puño de hierro los Seahawks, que confirmaron en la Super Bowl de San Francisco que han sido el mejor equipo de la NFL esta temporada.
Casi todas las rutas hacia la victoria de los Patriots —un equipo construido con retales y liderados por un 'quarterback' talentoso pero bisoño, Drake Maye— pasaban por tiros en el pie de los Seahawks. Y quien se los podía pegar era el otro 'quarterback' en liza, Sam Darnold.
"You're a Super Bowl Champion. No one can take that from us."
— NFL (@NFL) February 9, 2026
Sam Darnold and Mike Macdonald share a special moment postgame ❤️@insidethenfl Super Bowl LX Mic’d Up on X pic.twitter.com/Z3WDM1vmZE
La duda sobre la capacidad de Darnold había sobrevolado hasta el último minuto. Llegó a la NFL en 2018 tras derrochar talento en la universidad, pero estuvo años dando tumbos. Jugaba con agresividad, con puntos de genialidad como la de Mahomes, pero se ahogaba en errores.
El año pasado aprovechó la lesión del nuevo 'quarterback' de los Minnesota Vikings para ser titular y ofrecer un gran rendimiento. Pero no se lo creyeron y le dejaron ir a los Seahawks, que hicieron una apuesta arriesgada: jugar con un 'quarterback' dudoso pero barato y utilizar el presupuesto para reforzar otras posiciones.
Darnold jugó de maravilla la primera mitad de la temporada, pero cometió muchos errores en la segunda mitad: tantos pases de 'touchdown' (anotación) como intercepciones, el gran enemigo del 'quarterback'.
En la Super Bowl, sin embargo, mostró que en este deporte no pifiarla vale más que ser muy brillante. No permitió ni una sola intercepción ni un 'fumble' y solo le placaron con pérdida de yardas en una ocasión. Sus números fueron mediocres —solo 202 yardas de avance, 19 pases conectados de 38, un solo 'touchdown'—, pero su equipo levantó el trofeo Lombardi. Y lo hizo porque Darnold fue inteligente y midió los riesgos. Su mejor receptor -y el mejor de la liga, Jaxon Smith-Njigba, estuvo toda la tarde tapado por Christian González, de los Patriots, el mejor de su equipo.
«Con nuestra defensa, con la forma en la que hemos jugado, mi trabajo era cuidar la pelota», dijo después en rueda de prensa. «Lo sabía antes del partido y lo hice».
Fue una reivindicación personal para Darnold y una muestra de que el juego poco vistoso es muchas veces el más efectivo en este deporte. Otra prueba de ello fue el desempeño de Kenneth Walker III, 'running back' de los Seahawks, el especialista en jugadas de carrera. Son acciones en las se gana poco avance, pero el riesgo de perder la pelota es menor. Walker III, que acabaría como MVP del partido, embistió una y otra vez contra la línea de los Patriots, para poner a su equipo en el balcón de la anotación. Después no llegaban los pases de 'touchdown', pero sí las patadas a palos. De nuevo, menos puntos, pero menos riesgo.
Los Patriots, con muchas menos armas que los Seahawks, solo podían ganar con los fallos de Darnold y acciones explosivas de Maye. No ocurrieron ninguna de las dos cosas y los Seattle levantaron su segunda Super Bowl.