Ese reconocimiento que avalan nuestros visitantes es algo que nos obliga y mucho a quienes vivimos en esta maravillosa ciudad. Obligación y responsabilidad con Córdoba como ciudad que no solo es de todos cuantos la vivimos, ¡que lo es!, sino que recae muy principalmente en quienes tienen la 'auctoritas' o autoridad moral en nuestra sociedad.
Y esa cualidad, en una democracia como la que se encuentra España, recae, en el caso concreto de Córdoba, en todos cuantos por delegación democrática conforman nuestro Ayuntamiento. Y no dejo fuera a ninguno de los concejales que lo conforman.
Todos, sin exclusión alguna, tienen la responsabilidad de que aquellas cosas que reclama Córdoba como ciudad, tengan igualmente la consideración de excelencia. ¿De qué estoy hablando?
Muchas veces, como ciudadanos, olvidamos las funciones de nuestro Ayuntamiento. Yo las resumiría diciendo que se trata de gestionar los intereses de la ciudad como tal y las de los ciudadanos. Si hablamos de las reclamadas por la ciudad, nos referimos a sus calles, a sus parques y a todo aquello que la hace diferente de las demás ciudades.
Si hablamos de las exigencias que la ciudadanía reclama, nos encontramos con funciones tan elementales como la limpieza, el alumbrado, el agua, recogida de basuras, organización del tráfico, colegios, deporte, urbanismo, seguridad, e infinidad de pequeñas labores que hacen felices o infelices a quienes habitan en la ciudad.
Pues lo que digo es que una ciudad como Córdoba, que es una ciudad de excelencia, exige que aquello que se haga para satisfacer las reclamaciones de la ciudad como tal o las que tienen derecho los ciudadanos, hay que hacerlas de manera que tengan, igual que la ciudad, el marchamo de la excelencia. Y nada más necesario para que eso sea así, que la participación del pueblo de Córdoba, como soberano que es, sea exigente para que aquellas decisiones que afectan a la totalidad se hagan como la ciudad de Córdoba y sus ciudadanos merecen.
Decía Aristóteles que «la excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos, realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes realizando actos de valentía». Pues hagamos que la vida de Córdoba sea maravillosa para cuantos vivimos en ella, participando y exigiendo a nuestros representantes políticos que sus actos y decisiones sean igualmente excelentes.