Según 'The Wall Street Journal', esa fue la respuesta que Rubio ofreció al líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, cuando éste le preguntó si, tras la intervención militar de EE.UU., su Gobierno planeaba utilizar el territorio en otros lugares, como México o Groenlandia.
El intercambio ocurrió en el contexto de una elevación de las presiones por parte de Trump y sus altos cargos sobre sus ambiciones territoriales sobre Groenlandia. El presidente de EE.UU., que ha insistido en la necesidad de la anexión de Groenlandia desde hace años, aseguró tras la operación militar en Venezuela que el territorio danés es una prioridad de «seguridad nacional» para EE.UU.
La isla del Ártico cuenta con ingentes recursos minerales clave para la industria tecnológica, está en una región clave disputada por China y Rusia y es una localización estratégica para las defensas balísticas.
Desde la maniobra formidable de la captura de Maduro, la Casa Blanca ha intensificado su postura alrededor de Groenlandia. Stephen Miller, asesor principal de Trump en la Casa Blanca y uno de los arquitectos de la campaña de presiones contra Venezuela, se ha negado a descartar la posibilidad de que EE.UU. use, como en Venezuela, su fuerza militar contra un país aliado. «Nadie va a pelear militarmente contra EE.UU. sobre el futuro de Groenlandia», dijo.
Y la propia Casa Blanca, a través de la portavoz de Trump, Karoline Leavitt, reafirmó esa posibilidad este martes. «El presidente Trump ha dejado claro que la adquisición de Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional de EE.UU. y que es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica», dijo Leavitt en un comunicado. «El presidente y su equipo cuentan con un rango de opciones para llevar a cabo sus objetivos de política exterior y, por supuesto, utilizar al ejército de EE.UU. es siempre una opción a disposición del comandante en jefe», añadió la portavoz en referencia a Trump.
La intensificación del tono combativo sobre Groenlandia de la Casa Blanca fueron combatidas este martes desde la otra orilla del Atlántico. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, salió al paso de estas nuevas presiones estadounidenses sobre Groenlandia: las calificó de «inaceptables» y advirtió de su posible impacto en la OTAN, de la que su país es miembro.
«Si EE.UU. decide atacar a otro país de la OTAN, todo se acabaría», dijo Frederiksen. «La comunidad internacional como la conocemos, las normas democráticas, la OTAN, la mayor alianza defensiva del mundo… Todo eso colapsaría si un país de la OTAN ataca a otro».
El martes, frente a a las declaraciones de Miller y Leavitt, un grupo de países europeos mostraron su apoyo al territorio bajo soberanía danesa, donde las encuestas muestran que solo una minoría muy baja acepta la incorporación a EE.UU.
«Groenlandia pertenece a su gente», defendía un comunicado firmado por los jefes de Gobierno de seis países: Emmanuel Macron (Francia), Keir Starmer (Reino Unido), Friedrich Merz (Alemania), Georgia Meloni (Italia), Pedro Sánchez (España), Donald Tusk (Polonia) y la propia Frederiksen, de Dinamarca. En el texto se reconoce la importancia de la región ártica para la seguridad en el Atlántico y a EE.UU. como un «socio esencial» en ello. Pero advertía de que esa seguridad hay que conseguirla «de forma colectiva, de manera conjunta con los aliados de la OTAN, incluido EE.UU., y respetando los principios de la Carta de la ONU, incluida la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras. Estos son principios universales y no dejaremos de defenderlos».
El texto cerraba con la afirmación de que «Dinamarca y Groenlandia, y solo ellas, deben decidir sobre los asuntos que conciernen a Dinamarca y Groenlandia». Otros países, como Países Bajos, sumaron después su apoyo al texto.
Un senador demócrata, Rubén Gallego, presentó en la Cámara Alta de EE.UU. una resolución para bloquear una eventual pretensión de Trump de invadir Groenlandia. «Despertad», escribió Gallego en un mensaje en redes sociales. «Trump está mostrando exactamente lo que quiere hacer. Debemos pararle antes de que invada otro país por capricho», añadió, en un momento en el que los demócratas buscan aprovechar la potencial impopularidad de las aventuras expansionistas de Trump en el extranjero.