«Es habitual que, cuando alguien descubre a qué te dedicas, surjan numerosas preguntas; a lo largo de nuestra trayectoria nos encontramos con situaciones complejas, como detectar a progenitores que conducen bajo los efectos del alcohol poniendo en riesgo a un menor, lo que obliga a intervenir informando a la Guardia Civil», relata Domínguez.
Incapaz de trabajar, diestro en el andamio de la chapuza
El catálogo de experiencias de un investigador bragado en la profesión es más que amplio. Por ejemplo: un día llama al despacho el gerente de una empresa con el encargo expreso de comprobar que uno de sus asalariados tiene realmente una enfermedad que le otorga la incapacidad absoluta para realizar su trabajo. Así que los detectives se ponen manos a la obra. Y nunca mejor dicho, porque resulta que al cabo de unas semanas de indagaciones localizan al individuo en cuestión escalando a un segundo piso de un edificio por una escalera exterior para pintar la fachada con sus dos manitas. Él, que había declarado a su empleador que no estaba ya capacitado para desempeñar su cometido profesional porque sus brazos no le respondían.
«Esta es una profesión distinta a cualquier otra: no tiene horarios, no siempre se regresa a casa cada día, y cada caso requiere un enfoque, una técnica y una estrategia diferentes; es una profesión que hay que amar, porque exige dedicación absoluta, pero que resulta profundamente gratificante con cada asunto resuelto», tercia el también director de Domca Detectives, que resume otro de los casos peliagudos con los que se los ha visto.
Un matón de confianza
Todo empezó cuando llamó a las puertas de su despacho un hombre divorciado que sospechaba que su exmujer, que cobraba una pensión al no disponer (en teoría) de ingresos propios ni posibilidad de obtenerlos, tenía un trabajo que le ocultaba y por el que cobraba en negro.
«Nos pusimos a trabajar, y al cabo de unas semanas el hombre nos llamó para decirnos que su mujer había contratado a un sicario para que, literalmente, le pegara dos tiros. Le preguntamos cómo sabía lo del matón y nos contestó que el propio sicario se lo había dicho, porque resulta que el sicario que se buscó la mujer era amigo suyo, de él...».
El bufete de José Alberto Domínguez dio aviso sobre la marcha a la Policía Nacional, que en menos de dos horas detuvo a la exmujer de su cliente y a su pareja en ese momento.
Colaboración
Si la aplicación de las nuevas tecnologías es importante para llegar hasta el final de cada caso no lo es menos el empleo de las herramientas de toda la vida, una de las cuales, y no precisamente secundaria, es la colaboración entre colegas. «Tuvimos que pedir ayuda a un compañero de confianza del Norte de España hace unos años cuando el curso de la investigación que llevábamos entre manos dio un giro inesperado y repentino», comenta el investigador con plaza en Sevilla.
«Estábamos siguiendo a una persona porque su pareja sospechaba que le era infiel, y en un momento dado nos llevó al aeropuerto para coger un avión a Asturias: como no podíamos conseguir un billete en ese momento, hablamos con un compañero de esa zona, que hizo por nosotros el trabajo que necesitábamos».