Pilar Alegría y su portal de transparencia

Pilar Alegría nos conduce por una vivienda que según los empadronados en La Zaida, provincia de Zaragoza, no pisa desde que se hizo pija, urbana y forastera y se depiló con láser el pelo de la dehesa. Eso fue hace mucho. Tiene la exministra dos pisos en la capital aragonesa, bien situados, como corresponde a su talla pública y sus legítimas aspiraciones de meritócrata social, y un apartamento playero en Benicásim. «Mejor ver», solía poner en los anuncios de las inmobiliarias antes de que empezaran a quitarles las casas de las manos. «Mejor enseña la del pueblo, Pilar», le debieron de decir los de su portal de transparencia, sin otra cortina que la de la falsa modestia que distingue a una izquierda que se avergüenza de sus conquistas materiales.

Hay en toda esta visión distorsionada de la realidad y la circunstancia personal que pretenden proyectar los dirigentes de progreso –a Yolanda Díaz le honran su desahogo y su exquisito exhibicionismo– un afán de conexión moral con aquellos a los que pretenden embaucar con lo que también en medios holísticos se conoce como 'falsos robados', vicio compartido por los jerifaltes de una derecha que esconde la bandeja de los mantecados finos cuando llaman al timbre y tiene visita. Que parezca que somos pueblo. Pero, ¿qué pueblo?. «La Zaida, provincia de Zaragoza», responde Pilar. La pobre, gran tenedora, no se entera.

Sin miedo a establecer un vínculo emocional y a la vez creíble con un pueblo cuyas expectativas de mejora fueran capaces de asegurar, toda esta farsa de telón y cortina de rayas carecería de sentido. No hay mayor reconocimiento expreso de la incompetencia que el borrado de todo elemento que pueda provocar frustración entre quienes se difunde una imagen de austeridad que, quizá aceptada por simpatía, representa a la postre una sentencia de conformidad. El día que se dejen de tonterías y lo enseñen todo, como en los juzgados o en OnlyFans, lo mismo empieza esto a ir para arriba, o a parecerlo.

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