Los Reyes Magos se despiden de Sevilla tras visitar 17 barrios de la capital

El reloj marcaba las 11.00 de la mañana cuando una moto golpeaba a otra en la calle Orfebre Cayetano González. Ninguno de los jóvenes cayó al suelo ni llevaba casco. El golpeado le espetaba algo cuasi impronunciable y los dos reían y bufaban, haciendo el caballito. Se fueron haciendo ruido, tan ensordecedores como los motores de las nuevas mini-motos y quads que el bueno de Gaspar había dejado en varios bloques aledaños para otros niños que iban por la acera a todo tren. Antes de llegar a la cabalgata, una botella de óxido nitroso aparecía tirada en la calle, usada como droga, por la que es nombrada el gas de la risa, que evidenció que aquel no es un barrio más. Pero que nadie olvide que tampoco es uno menos, y así lo hicieron saber las decenas y decenas de padres y madres, abuelos y nietos que fueron alcanzando a Sus Majestades tras dos años buscando otras cabalgatas.

Fueron cinco percusionistas quienes abrieron el cortejo, nadie más. Nadie menos. Detrás, cinco carrozas, todas ellas 'recicladas' tras el deslumbrante desfile que el 5 hilvanó el Ateneo. Veintiocho menos que en la capital. Pero la ilusión allí no se negocia. «Las cinco llegaron ayer a la 1.00 de la mañana a la parroquia de Jesús Obrero», cuenta Sergio Codera, su párroco. «Estuvimos hasta las tres de la mañana montándolas con los Reyes, que son magos pero también trabajadores». Se refiere el salesiano a José Manuel Sánchez, que hizo de Melchor; a Cristian Jiménez, hasta ayer Gaspar; y a José Manuel Nogueras, más conocido como 'Mogan', el honrado peluquero del barrio que nunca le quita una letra cuando alguien le pregunta si «de verdad» es del Polígono Sur.

Imagen principal - Arriba, Baltasar, encarnado por 'Mogan' el peluquero; abajo, responsables tanto del Distrito Sur como de la parroquia de Jesús Obrero; a la derecha, el hermano mayor de Bendición Esperanza, Ángel Hartmann, velando por la seguridad de la cabalgata
Imagen secundaria 1 - Arriba, Baltasar, encarnado por 'Mogan' el peluquero; abajo, responsables tanto del Distrito Sur como de la parroquia de Jesús Obrero; a la derecha, el hermano mayor de Bendición Esperanza, Ángel Hartmann, velando por la seguridad de la cabalgata
Imagen secundaria 2 - Arriba, Baltasar, encarnado por 'Mogan' el peluquero; abajo, responsables tanto del Distrito Sur como de la parroquia de Jesús Obrero; a la derecha, el hermano mayor de Bendición Esperanza, Ángel Hartmann, velando por la seguridad de la cabalgata
La 'familia' que busca nuevas esperanzas en el Polígono Sur Arriba, Baltasar, encarnado por 'Mogan' el peluquero; abajo, responsables tanto del Distrito Sur como de la parroquia de Jesús Obrero; a la derecha, el hermano mayor de Bendición Esperanza, Ángel Hartmann, velando por la seguridad de la cabalgata Juan Flores / I. L.

Todos ellos fueron igual de reclamados que cualesquiera que hicieran de estos adorados sabios de Oriente por la capital y su provincia, haciendo verdad de la magia, y de los niños buenos, que son todos, una complicidad compartida. La comitiva avanzaba por Las Letanías y no había menor que no reclamara pronto su premio: los hubo balones, caramelos, juguetes, incluso regalos que no se vieron ni el 5. Peluches, carteras y botellas de plástico de colores volaron al son de los paraguas colocados del revés.

Por Sebastián Santos, profundas Tres Mil de Sevilla, se vieron atravesar las carrozas al paso de la humareda que dejaban las hogueras a pleno sol, los pijamas y los edificios ruinosos que luego son foco de tanta redada. También de homicidios. El barrio llevaba dos años sin su cabalgata por miedo y gracias a las asociaciones y la colaboración del Distrito se pasó del deseo a la realidad. Y no hubo incidente alguno. «Aquí lo que necesita la gente es que se confíe en ellas», apostilla Ángel Hartmann, el hombre que puso los primeros nazarenos de la historia en las Tres Mil.

No se olvidaron de nadie

Pino Montano fue un clamor al paso de su cabalgata, y junto la de Triana fue de las más multitudinarias, lo cual tiene mucho mérito al estar en el extrarradio. Esta barriada de la zona norte sevillana llenó las arterias principales de familias que radiantes quisieron compartir su alegría para despedir a los Reyes y rascar algún presente ya en el tiempo añadido. Los hubo que buscaron muchos roscones con mucha nata antes del almuerzo, tal y como sucedió en Bellavista, donde se volcaron todas Sus Majestades en su desfile, con especial mención a la labor de la Estrella de la Ilusión, que hizo las delicias de los más pequeños. Su paso fue el más aplaudido por la cantidad de golosinas lanzadas.

No quisieron faltar los tres ilustres sabios del lejano Oriente a lugares donde la emoción se abrió paso, como el Parque Alcosa, el Cerro del Águila o el barrio de San Jerónimo, donde también hubo fiesta de caramelos y regalos, tal y como sucedió en Torreblanca, que por cierto vive unas condiciones muy similares a las del Polígono Sur. Se vieron destellos reales en Los Carteros, en la Asociación 144 Botellines de San Bernardo, Valdezorras y en la Milagrosa, amén de en Palmete, Las Naciones, Pedro Salvador y Entrepuentes, cuya cabalgata también salió en horario vespertino. Justo como la de Sevilla Este, que congregó a cientos y cientos de niños en otra de las jornadas grandes. Así que vaya si pedía mármol lo que dijo el pregonero Manu Sánchez, con eso de que nada hay más verdad que Melchor, Gaspar y Baltasar. Vayan por la calle de Sevilla que vayan.

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