«Van der Poel es Dios, una superestrella. En el ciclocross es perfecto. Tiene potencia, técnica, habilidad, dominio de la bicicleta y es superior en todos los terrenos, arena, seco, asfalto». Así define Felipe Orts al único ciclista que derrotó el año pasado a Tadej Pogacar en la carretera, aquella París-Roubaix memorable.
«Decir que desafío a Van der Poel o Van Aert es muy generoso, porque están lejos de mi alcance -cuenta el ciclista alicantino desde Bélgica-. Cuando salimos a una carrera, ya sabes que hay un ciclista que te va a ganar, salvo que tenga una desgracia. Eso es duro, pero no queda otra que hacer tu trabajo».
A Felipe Orts se le quedaba corto el kilometraje que acometía con la bici de carretera cuando era un chaval y perseguía sueños en la escuela ciclista de su pueblo, Villajoyosa. Le sedujo este deporte y la sensación de libertad que le procuraba la bicicleta.
Pero el invierno no suele ser compatible con el ciclismo. Aparecen la lluvia, el viento, el frío, el barro... Y a Orts el cuerpo le pedía marcha, más acción. «Probé por casualidad el ciclocross y me gustó aquello de mitad bici, mitad a pie en condiciones de dificultad».
A diferencia del ciclismo en ruta, España nunca ha sido una potencia en el ciclocross, una especialidad cuya área de acción se ceñía casi en exclusiva al País Vasco con nombres como Antón Barrutia, José María Basualdo, Jokin Múgica, José María Yurrebaso o David Seco.
«En Bélgica se entrena en tablones, circuitos de barro, arena. Se trabaja mucho la técnica»
Felipe Orts
Ciclista de ciclocross
«El primer paso que di fue llegar al País Vasco, instalarme, aclimatarme y competir contra unos corredores que piensan que en el resto de España no tenemos ni idea de ciclocross -recuerda Orts-. Así conseguí subir mi nivel».
«Y el siguiente paso fue llegar a Bélgica, donde todo sucede en este deporte. Año tras año me mantuve en la pelea hasta que fui al Mundial de 2013 porque Alex Aramburu se había roto una muñeca, y me di cuenta que iba a vivir de esto».
Las complicaciones para un deportista que se abre camino en un deporte minoritario se plasman en el sueldo. «Mi primer salario en 2017 en un equipo de élite eran 1.200 euros mensuales -dice el alicantino-. Cuando empecé en Bélgica todo era difícil, ubicarse, encontrar tu sitio en un deporte y un país que te hace de menos y en el que no hay ayudas».
Según la experiencia de Orts, la tradición de los países del norte, Holanda y Bélgica, se transforma en medios y herramientas para progresar. «Ellos entrenan en tablones, en circuitos de barro, de arena. En Bélgica se trabaja mucho la técnica, en arena son muy superiores. En el barro, como es más físico, dominan menos».
«Para entrenar la técnica en la arena, yo tengo que echar horas y horas en la playa»
Felipe Orts
Sin los medios de sus adversarios, Felipe Orts ha utilizado el ingenio para tratar de igualarlos. «Para entrenar la técnica en la arena, no queda más remedio que echar horas y horas de bicicleta por la arena de la playa. Es la superficie que más me cuesta».
«Para entrenar el barro, voy al País Vasco desde hace quince años -explica-. Hay muchas clases de barro, el resbaladizo que tiene una capa por arriba y es muy difícil, el profundo que te obliga a dominar la técnica de bajar de la bici y patear, los que tienen piedras o bordillos...».
«Y para entrenar el equilibrio, la mejor alternativa es combinar la mountain bike, con la bici de gravel, la de ruta y la de trial. Así se consigue estabilidad y se evitan caídas».
Durante tres temporadas, el ciclista de Villajoyosa corrió en carretera para el Burgos BH, el equipo español de segunda división («lo hice para preparar el ciclocross y mi cometido era tapar huecos»). La temporada de Felipe Orts empieza en octubre y concluye a finales de febrero. Su objetivo a corto plazo es encontrar otro equipo, porque su actual residencia (Ridley Racing) echa el cierre.