Venezuela para mí, Ucrania para ti

Si lo que barrunto es cierto, tal como apuntan los hechos, bajo la órbita de los Estados Unidos quedarían el continente americano y el área englobada en la OTAN, siempre que quienes disfrutan de ese paraguas defensivo cumplan con sus compromisos y no supongan para la nación líder un lastre demasiado pesado o un choque frontal insalvable con la otra parte, Rusia, que se adjudica el control de todo cuanto estuvo al este del Telón de Acero y no ha tenido la oportunidad de sumarse a la Alianza Atlántica. En ese contexto hay que entender la captura de Maduro, el anuncio de una transición pilotada desde Washington, con Delcy Rodríguez como peón del Gran Hermano y elecciones aparcadas hasta que él las considere oportunas, así como la advertencia de que las siguientes serán Cuba y Colombia, con un llamamiento explícito a que «la voz de Marco Rubio sea escuchada en todo el hemisferio». A esa lógica responden igualmente las críticas de Trump a las administraciones que se implicaron con hombres y armas en conflictos distantes miles de kilómetros (Iraq, Afganistán, etcétera), mientras descuidaban lo que acontecía en su patio trasero. Y la misma razón explica que el valeroso Zelenski haya sido abandonado por la Casa Blanca, que lo presiona para que se rinda a Moscú o se enfrente a la ferocidad rusa sin más ayuda que la de Europa, cuyo papel en el nuevo orden internacional es insignificante, aunque no tanto como el de esta pobre España convertida por el tándem Zapatero-Sánchez en monaguillo del Grupo de Puebla. Ucrania es la cara oscura de la esperanza renacida con lo sucedido en Caracas.
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