Pau Navarro: «Cuando vas por primera vez al Dakar casi todas las estrellas se te caen»

A bordo del buggy Taurus T3 Max y en categoría Challenger, Navarro vive su sexta edición en el duro raid. Este domingo, en la primera etapa, el dúo español entró en la meta en cuarto lugar, a 4:50 minutos de los argentinos Zille y Cesana, vencedores y líderes de la general.

Así recuerda Navarro los inicios de su relación con quien hoy es su pinche: «Nos vimos cuando fui al Dakar por primera vez y me saludaste, pero pasé de ti, ¿no? Coincidíamos por los circuitos y un día pensé: 'bueno, si lo hace bien…'». Pese a que apenas 15 kilómetros separan a sus municipios natales, ambos en la comarca del Gironès, se conocieron pisando alquitrán. Cuando Navarro decidió apostar por Rosas como copiloto, para este fue todo un reto: «Tenía mucha experiencia en asfalto y lo veía incluso como un divertimento, pero ya cuando empezamos en tierra fue cuando sentí la responsabilidad. Sabía que Pau tenía mucho bagaje y era muy reconocido, uno de los pilotos con más futuro profesional y proyección internacional del panorama automovilístico. Ahí me di cuenta y dije: 'ostras, qué chulo que confíe en mí para ir con él en tierra'».

Tras ser en 2025 el mejor español en la general de coches (19º) en el Dakar y quedar tercero en Challenger, este año Pau Navarro alza más su techo y tiene clara su meta: ganar esta categoría. Pero para ello, la exigencia es máxima: «Al principio todos los errores se le perdonaban (a Jan), ahora cada vez menos. Alguna vez nos hemos enfadado... pero me siento muy bien llevándole a él».

«Mucha gente no está dispuesta a asumir este nivel del exigencia, por eso cada vez la élite es más pequeña»

Pau Navarro

Piloto de buggy

Se trata de una de las competiciones más seguidas del mundo que, sin embargo, a juicio de Navarro y Rosas, se vive de manera muy diferente a lo que uno podría esperarse viéndola desde la televisión. En primer lugar por el nivel de fraternidad entre pilotos, menor al esperado: «Creo que la filosofía que la gente se piensa que se respira entre competidores es distinta», reflexiona el copiloto. Navarro va más allá: «Hay estrellas que se te caen. Bastantes, casi todas. Veía esta competición como algo muy bonito, el compañerismo… Y sí, el Dakar es algo mágico y la lástima es que no lo puedes vivir como fan —aunque tampoco quisiera volver a serlo—, pero allí te das cuenta de tantas cosas».

Pese a que ahora están bajo las miradas de espónsores y aficionados, saben que a medida que avance su carrera la dificultad de mantenerse en la primera línea también será mayor. Ellos, que han visto cómo algunos de sus jóvenes compañeros que parecían destinados a la gloria terminaron desapareciendo, han tratado de prepararse para lo peor: «He estudiado tres grados: derecho, políticas y económicas. Las carreras son un trabajo poco convencional y muy incierto, porque no sé qué pasará mañana. Se tienen que alinear muchos astros: proyección mediática, presupuestos…», explica Rosas. Tener adonde ir en el mundo de los mortales es fundamental no solo en caso de fracaso, sino que también es un elemento que determina muchas de sus decisiones profesionales en la actualidad, según el piloto del buggy: «Siempre es bueno tener un plan B porque hay mucha gente que si no estuvieran en el Dakar no haría nada. En nuestro caso, habernos formado nos da seguridad a la hora de tomar decisiones o emprender estrategias arriesgadas, porque sabes que si no te puedes poner a trabajar».

No ven ambos que, al contrario de lo sucedido en el fútbol o el tenis, el motor esté pasando por un proceso de rejuvenecimiento tan exagerado: «Cuando yo entré de repente llegamos cinco o seis muy jóvenes de golpe, pero ahora hace años que no aparece nadie. De todos modos, no nos hemos vinculado mucho los jóvenes ahí. Vivimos tantos miles de personas en los campamentos que es complicado», apunta Navarro. Tal como cuenta, el nivel de la carrera ha pegado un impulso en los últimos años: «Mucha gente no está dispuesta a asumir este nivel de exigencia, por eso cada vez la élite es más pequeña», asevera.

Ante la ausencia de jóvenes que vivan situaciones similares a la suya, aseguran que entre su amplio equipo (encargados de logística, mecánicos, ingenieros y dirección deportiva) y su familia, no se sienten solos en esos arduos y polvorientos días. No obstante, «en comparación con las demás competiciones, es solitaria», asegura la mano derecha del piloto de Llagostera, listo para dar un paso más en su carrera y confirmar los augurios de éxito que todo experto del motor le otorga.

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