La víspera de Navidad de 2024, el Papa Francisco, que acababa de cumplir 88 años, se acercó en silla de ruedas hasta la Puerta santa. No pudo ponerse de pie como deseaba para empujar sus dinteles, y se limitó a golpear cinco veces el aldabón. Luego, dos colaboradores abrieron la puerta y él cruzó su umbral simbólicamente acompañado de familias de todos los continentes y no de eclesiásticos, como quizá algunos habrían preferido.
Su intención era que quienes a partir de ese momento la atravesaran se preguntaran si buscan la esperanza para caminar en la vida en el lugar adecuado. Además, pidió a los creyentes que se movilizaran para «llevar esperanza donde se ha perdido; donde la vida está herida, en las expectativas traicionadas, en los sueños rotos, en los fracasos que destrozan el corazón, en el cansancio de quien no puede más, en la soledad amarga de quien se siente derrotado, en el sufrimiento que devasta el alma, en los días largos y vacíos de los presos, en las habitaciones estrechas y frías de los pobres, en los lugares profanados por la guerra y la violencia».
Desde entonces, comenzó un flujo prácticamente continuo de peregrinos que, en pequeños grupos han recorrido a pie hasta esta misma semana el último kilómetro que conduce al Vaticano. Algunos cargaban una cruz de madera; otros cantaban o rezaban en voz alta mientras ondeaban banderas de lejanas naciones. «Ha habido peregrinos prácticamente de todos los países del mundo», confirma a ABC una portavoz de la organización del Jubileo, «incluso de Estados con pocos cristianos, que es más prudente no concretar», sugieren.
Aparte de inaugurarlo, el Papa Francisco pudo asistir solo a dos grandes eventos: el Jubileo de los Medios de Comunicación y el de las Fuerzas armadas, Policía y Cuerpos de seguridad. El 14 de febrero, un día antes del Jubileo del Cine que iba a celebrar en Cinecittà, tuvo que ser ingresado en el Policlínico Gemelli y no pudo continuar. A partir de entonces, aquellos eventos se convirtieron en vigilias de oración en la plaza de San Pedro para rezar por la recuperación del Pontífice, quien se conmovió y envió un mensaje grabado con un móvil en el que se escuchaba su voz extremadamente débil.
Canonización de Carlo Acutis
El Papa falleció el 21 de abril pero el Año Santo no se interrumpió. Seis días más tarde fue el turno del Jubileo de los adolescentes, que se celebró durante la Sede Vacante y al que acudieron unos 200.000 chicos y chicas. La idea inicial era que coincidiera con la canonización de Carlo Acutis, pero ésta fue aplazada, y la ceremonia se convirtió en un funeral por Francisco.
Pocos días después de ser elegido Pontífice, León XIV se reunió con el organizador logístico del Jubileo, el arzobispo Rino Fisichella, y le confirmó que participaría en todos los actos en los que su predecesor hubiera asegurado la presencia del Papa. «Desde el principio se mostró muy dispuesto a asumir todas las responsabilidades del Jubileo. No podemos olvidar que los primeros meses del año fueron muy duros para Francisco, incluido el periodo de hospitalización», ha resumido Fisichella en una entrevista con medios de comunicación del Vaticano.
Los primeros «jubileos» que presidió León XIV fueron el de los católicos de rito oriental, el miércoles 14 de mayo, y el Jubileo de las cofradías, que coincidió con la misa de inicio oficial del Pontificado el 18 de mayo, y durante el cual procesionaron el paso del Cristo del Cachorro de Sevilla y el trono de la Virgen de la Esperanza de Málaga. Como era de esperar, el jubileo más numeroso fue el de los jóvenes, al que participaron 1.200.000 personas, y los dos más emotivos, el Jubileo de los pobres y el de los presos.
León XIV clausura el Jubileo
En Roma se han abierto cinco puertas santas, las cuatro de las grandes basílicas y una en la cárcel de Rebibbia. Ya solo sigue abierta la de San Pedro. «El Jubileo llega a su fin, pero no termina la esperanza que este Año nos ha dado: ¡seguiremos siendo peregrinos de la esperanza!», dijo el Papa León durante la última de las audiencias especiales que ha tenido muchos sábados durante este Jubileo. «La esperanza es generativa. Es una virtud teologal, una fuerza de Dios, y como tal genera, hace nacer y renacer. Esta es la verdadera fuerza. », explicó.
El martes será cerrada y murada la Puerta santa de San Pedro, pero no habrá que esperar muchos años para verla abierta de nuevo, pues ya hay otro Jubileo en el horizonte. Será «extraordinario», ya que no conmemorará el nacimiento de Cristo. Informalmente, en el Vaticano se da por hecho que León convocará el Jubileo 2033 por los 2.000 años de la Redención, es decir, de la Pasión y Resurrección de Cristo. El Papa mencionó la posibilidad en Turquía y está intentando que ese Año Santo incluya un encuentro en Jerusalén con los líderes de todas las confesiones cristianas, probablemente en la basílica del Santo Sepulcro, donde también se venera el lugar del Calvario.