Granada empieza a aliviar agua embalsada, algo que no ocurría desde 2018

Eso es algo inusual en la provincia. No ocurre, de hecho, desde el 22 de mayo de 2018, una jornada en la que también se abrieron las compuertas del Quéntar. Para encontrar otro precedente relativamente cercano hay que llegar hasta el año 2010, en el que hubo un desembalse en el Cubillas, también cerca de Granada y que no sirve para servir agua a la red pública y sí para otros usos como el riego o la generación de electricidad.

El Quéntar, uno de los dos embalses que, junto con el Canales, abastece la red pública de agua de Granada, ha experimentado una tremenda crecida a lo largo de enero, un mes en el que ha llovido prácticamente todos los días. Según datos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), a principios de esta semana almacenaba 9 hectómetros cúbicos. Es una tónica aplicable a casi todos los demás, a los once embalses de la provincia, que tienen una capacidad global de 1.170 hectómetros cúbicos.

Una cantidad apabullante, teniendo en cuenta que la provincia de Granada no llega al millón de habitantes. Para la de Barcelona, donde habitan casi seis millones, hay dos disponibles 274, divididos fundamentalmente en los embalses de Sau y La Baells. Que están prácticamente llenos, por cierto. Al 91,97% se encontraban el pasado martes, día en el que se actualizan los datos en toda España.

En Granada, en cambio, no se ha dado nunca la circunstancia de que su red de embalses tenga una ocupación tan elevadísima. Cualquiera que lea el informe semanal y vea que en la provincia el volumen de agua embalsada es del 32,39% (última cifra que se conoce), pensará que se está próximo a una situación de sequía, pero eso está muy lejos de ser cierto.

El embalse de Rules, que apenas tiene uso, está al 70% de su capacidad g. ortega

La clave de esta situación paradójica es el embalse del Negratín, un gigante que se construyó en el año 1984. Situado en la zona nororiental, se extiende a lo largo de 2.10 hectáreas y que es capaz de albergar 571 hectómetros cúbicos, lo que lo convierte en el cuarto más grande de Andalucía tras los de Iznájar (981), Guadalcacín (853) y La Breña (823).

De acuerdo con las últimas mediciones, en el Negratín se alojan ahora 148 hectómetros cúbicos, lo que significa un 25,92% de su capacidad. Ese bajo porcentaje arrastra a los demás, por así decirlo, en el cómputo global. Pero es pura estadística, eso que alguien definió como que, si una persona se come dos pollos y la otra ninguno, resulta que cada uno se ha zampado uno.

Porque, en Granada, el pantano de Béznar está al 70%; el de El Portillo, al 77%; el de Rules, que sirve para bien poco, al 69%; y el de Quéntar, como se ha dicho al principio, tan lleno que está aliviando. El Negratín desequilibra la balanza como también lo hace el de San Clemente, cercano a Huéscar, en el norte de la provincia. Su capacidad es de 117 hectómetros y en el último registro andaba por los ocho. Siempre está en un porcentaje de ocupación muy bajo, algo que mucha gente del lugar atribuye a que se hizo mal y tiene filtraciones, aunque no hay constancia oficial de que eso sea así.

Seguirán llenándose durante semanas

En cualquier caso, si buena es la situación general, mejor lo va a ser en los próximos días y semanas. Según datos más actuales de la CHG (recogidos el viernes 30 de enero), ese embalse de San Clemente, con problemas de filtración o sin ellos, ya supera los 13 hectómetros, el de Canales ha pasado en cuestión de días de 24 a 29 y el de El Portillo, en Castril, de 24 a 31, su capacidad máxima. Lo que quiere decir que probablemente también aliviará en breve.

Más buenas noticias: si en la última medición oficial Granada estaba por debajo de la realizada en la misma semana de 2025 -379 frente a 392- los recientes arreones y las escorrentías que ya hacen fluir el agua hacia su destino situarán a la provincia por encima de los registros alcanzados hace un año. El siguiente reto sería igualar la media de la última década, lo que significa que los pantanos tendrían que llegar hasta los 483 hectómetros cúbicos.

Eso es complicado porque, como se dijo al principio, 2018 fue un año muy lluvioso, el que más en un ciclo de cuatro muy alejado de la sequía. Después vinieron cuatro más secos, que incluso llegaron a la adopción de medidas drásticas como las restricciones en algunos puntos, y el presente ejercicio viene a ser el segundo de un nuevo ciclo más húmedo.

Aunque está lejos en el horizonte, es más que improbable que de aquí a verano se piense siquiera en cerrar los grifos. Por todo lo que se ha contado en los párrafos precedentes y por otra ventaja: en mayo llega el deshielo y mucha nieve de la sierra va a los pantanos.

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