El movimiento supone un espaldarazo decisivo a la estrategia de colaboración público-privada diseñada por el equipo de gobierno del Ayuntamiento ante la negativa del Gobierno central a participar en la financiación del proyecto.
El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha anunciado que el presidente de Cajamar, Eduardo Baamonde, le ha transmitido la voluntad de la cooperativa de crédito de vincular su marca al equipamiento.
La operación, tasada por el Consistorio en 40 millones de euros desembolsados a lo largo de una década, permitiría a la entidad bautizar el edificio, que aspira a ser el recinto escénico de referencia en el arco mediterráneo andaluz.
«Lo consideran oportuno en su estrategia actual y de futuro, recordando además las raíces malagueñas de la entidad», ha afirmado De la Torre, en referencia al origen de Cajamar, fruto de la fusión en el año 2000 de las cajas rurales de Almería y de Málaga.
No obstante, el regidor ha querido ser riguroso con el procedimiento administrativo: el interés de Cajamar no implica una adjudicación directa. La normativa exige que la asignación del nombre se realice mediante un concurso público en libre concurrencia, por lo que cualquier otra gran compañía podría presentar una oferta superior o con mejores condiciones.
«Cajamar tendría que presentarse a un concurso para ser elegida, al igual que el resto de empresas que optaran a alguno de los patrocinios», ha precisado el primer edil.
Un puzzle financiero de 209 millones
El paso adelante de Cajamar llega en un momento crítico. El coste actualizado del Auditorio asciende a 209,1 millones de euros, una factura que se ha disparado por la inflación de los materiales y la revisión del proyecto original de 2008, diseñado por los arquitectos Federico Soriano y Agustín Benedito.
El plan de financiación municipal se ha visto forzado a una reingeniería tras confirmarse el «abandono», en términos utilizados por el equipo de gobierno, del Ministerio de Cultura.
Mientras que la Junta de Andalucía ha comprometido 25 millones de euros y la Diputación de Málaga otros 10 millones, el Estado, que históricamente ha financiado grandes contenedores culturales en otras capitales como Madrid o Barcelona, ha declinado aportar los 45 millones que le correspondían en el reparto proporcional.
Ante este vacío, De la Torre ha reiterado su intención de solicitar un crédito bancario para cubrir la cuota estatal y evitar que el proyecto vuelva a paralizarse. Esta operación de endeudamiento municipal servirá de puente mientras se materializan los ingresos privados, que el Ayuntamiento estima en unos 110 millones de euros, más del 50% del coste total de la obra.
El menú de patrocinios
El Ayuntamiento ha diseñado una carta de patrocinios pormenorizada para atraer al capital privado. Además de los 40 millones por el nombre global del edificio, el plan de negocio contempla otros activos comercializables: 15 millones de euros por dar nombre a la sala principal (con capacidad para hasta 1.743 espectadores en configuración de ópera); 5 millones por la segunda sala (de cámara, con 465 butacas); y otros 5 millones por el patrocinio de la visita turística interior.
En paralelo, se ha activado la búsqueda del denominado «Club de Mecenas Fundadores». El alcalde ha confirmado el envío de cartas a grandes empresas para que se sumen a esta iniciativa, que requiere una aportación de dos millones de euros divididos en cinco años. Como incentivo, De la Torre ha subrayado que esta fórmula conlleva «una ventaja fiscal que reduce el esfuerzo casi a la mitad», gracias a las deducciones aplicables a este tipo de mecenazgo cultural, declaradas de interés público.
Inicio de las obras a finales de 2026
Con la financiación teóricamente encarrilada mediante la combinación de fondos propios, deuda y promesas de patrocinio, el calendario administrativo entra en su fase decisiva. El alcalde ha detallado que espera licitar la obra «en febrero o marzo» de este mismo año. Si se cumplen los plazos de la administración, las máquinas podrían entrar en el puerto «en los últimos meses de este 2026».
El Auditorio no será solo una caja de música. El diseño contempla un complejo cultural polivalente. La sala principal, versátil, podrá albergar desde grandes conciertos sinfónicos hasta óperas. El edificio incluirá también salas de ensayo para orquestas, coros y baile, una sala didáctica, biblioteca, fonoteca y espacios de restauración y tienda, además de un aparcamiento con capacidad para quinientos vehículos.
La confirmación del interés de Cajamar valida, al menos parcialmente, la tesis de Francisco de la Torre de que la sociedad civil y empresarial está dispuesta a asumir el rol que el Gobierno central ha rechazado. Queda ahora por ver si este interés inicial se traduce en una oferta firme en el concurso y si otras grandes corporaciones deciden entrar en la puja por poner su apellido al nuevo icono de la Málaga cultural. La carrera está abierta, pero la banca cooperativa ha sido la primera en enseñar sus cartas.