La Ruta del Vino de Arlanza destaca por su equilibrio entre bodegas familiares, monasterios medievales y una arquitectura popular que transporta al viajero a la esencia castellana. En contraste, Arribes ofrece un entorno natural incomparable: un cañón fluvial profundo y soleado que condiciona un viñedo único en la península, perfecto para combinar catas con turismo activo.
En el extremo occidental, el Bierzo se ha convertido en un referente de calidad gracias a variedades como la Mencía o la Godello. Su atractivo turístico se completa con paisajes como Las Médulas y un patrimonio minero y monástico que invita a estancias más largas. Por su parte, la Ruta del Vino de Cigales, conocida como la «cuna del clarete», ha sabido transformar un producto tradicional en una oferta turística moderna, apoyada en lagares subterráneos, castillos y festividades enológicas.
La Ribera del Duero es, probablemente, la ruta más internacional. Su prestigio en el mercado del vino convierte cada visita a sus bodegas en una experiencia de marca reconocible, reforzada por villas históricas, románico rural y una gastronomía firme, con el lechazo asado como emblema. Cerca de ella, la Ruta del Vino de Rueda se asienta sobre el éxito de la variedad Verdejo, que ha impulsado un modelo de turismo fresco, dinámico y orientado a la degustación de vinos blancos singulares.
La Sierra de Francia, en el sur de la región, aporta un carácter distinto: pueblos serranos de piedra, paisajes protegidos y una tradición vinícola recuperada que se integra en un modelo de turismo sostenible y de cercanía. Finalmente, las rutas de Toro y Vino de Zamora completan el mapa con vinos de fuerte personalidad y un patrimonio monumental excepcional, desde la colegiata de Toro al románico zamorano, atrayendo a quienes buscan autenticidad y territorio.
En conjunto, estas nueve rutas no solo impulsan la economía local y la desestacionalización turística, sino que crean un relato común que posiciona a Castilla y León como destino enogastronómico de referencia. Su diversidad climática, cultural y paisajística convierte cada ruta en un viaje distinto, pero todas comparten un mismo mensaje, el vino es identidad, historia y oportunidad.