La idea es que esta muestra se equipare a otras recientes que el Bellas Artes ha dedicado a grandes artistas de los cuales también se han celebrado en los últimos años sus centenarios. De este modo, en la reciente entrevista que ha concedido la consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo, a ABC de Sevilla, esta destacó que la de Juan de Mesa «es una de las exposiciones más potentes» que va a hacer el Museo de Bellas Artes para el próximo año 2026. «De hecho, ya se están restaurando algunas esculturas y se están poniendo en valor algunas de las piezas que van a participar en la muestra», aseguró Del Pozo.
La consejera también comentó que esta exposición será «una gran retrospectiva, del mismo tipo que las de Murillo o de Valdés Leal. Es una muestra que va en la línea de trabajo que lleva haciendo el museo en los últimos años, como la que se dedicó a Pedro Roldán o a Pacheco. Ahora, el siguiente gran maestro del barroco que queda es Juan de Mesa». La titular de Cultura añadió que esta muestra dedicada al escultor cordobés «tendrá mucho éxito porque es un artista muy querido en Sevilla. Los sevillanos sienten a Juan de Mesa como si fuera un miembro más de sus casas y la mayor devoción que hay en nuestra ciudad es de la casa. Por eso tenemos que hacer una grandiosa exposición sobre Juan de Mesa y vamos a echar el resto».
Una de las claves para que esta muestra pueda contar con miles de visitantes y que se convierta en un hito, tal y como ocurrió con las anteriores dedicadas a Martínez Montañés y a Pedro Roldán, es que, además de la calidad de las obras expuestas —ahí será vital la implicación de grandes museos como el del Prado, que tiene un 'San Juan Bautista', o el Nacional de Escultura de Valladolid, que posee en sus fondos una 'Inmaculada Concepción'—, se incida igualmente en una museografía atractiva que invite a los espectadores a descubrir el universo creativo de Juan de Mesa de una forma vistosa.
Entre las esculturas que el Museo de Bellas Artes está restaurando hay que subrayar dos que pertenecen a los fondos de su propia colección y que serán recuperadas gracias a un convenio de colaboración que existe entre la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes de Sevilla y la Consejería de Cultura y Deporte, acuerdo por el que ambos están realizando sendas aportaciones económicas para recuperar el valor de estas obras. En concreto, se trata de la 'Virgen con el Niño' —también conocida como 'La Virgen de las Cuevas'— (1623), que ya ha sido restaurada, y del 'San Juan Bautista' (1623), que lo será en los próximos meses. La procedencia de estas dos grandes obras de Juan de Mesa es la misma, el monasterio de Santa María de las Cuevas de la Cartuja de Sevilla.
La 'Virgen con el Niño' es una talla policromada en madera de cedro que tiene una altura de 137 centímetros. La Virgen aparece representada de pie, con «un amplio ropaje de modelado magnífico y telas finamente estofadas, de un dibujo perfecto y una extraordinaria composición que evoca las imágenes medievales en la que María en el trono ofrece a Cristo Niño a la adoración de los hombres», se indica en el portal Ceres del Ministerio de Cultura. Fue realizada junto a la talla de San Juan Bautista para ser colocada en los retablos colaterales del coro de legos en la Cartuja. En 1836 fue trasladada a la Catedral. En 1842 ingresó en el Museo de Bellas Artes.
Según indican desde el Ministerio de Cultura, 'la Virgen con el Niño' fue «durante mucho tiempo atribuida a Martínez Montañés, a quien se le encargó en 1618 mediante contrato que quedó suspendido en 1621. Dos años más tarde fue otorgado a Juan de Mesa, quien se hizo cargo de las tallas por el mismo dinero y en las mismas condiciones que su maestro».
«Si bien Mesa abandona su estilo para interpretar el estilo montañesino basado en la serenidad, en el volumen trapezoidal, en el equilibrio de masas y en una honda espiritualidad —continúan—, también es cierto que supo imprimir en estas imágenes mucha más fuerza expresiva, movimiento y realismo utilizando recursos expresivos tanto en el tratamiento de los pliegues del manto de intenso claroscuro, ampulosos y revueltos como en la composición, en los valores iconográficos y en la comunicación que establece entre Madre e Hijo, todo ello como reflejo de un mayor realismo y un mayor barroquismo aunque el resto del Niño siga fielmente modelos montañesinos».
Por su parte, el 'San Juan Bautista' es otra talla policromada también esculpida en madera de cedro. Mide 136 centímetros de altura. La pieza sigue asimismo la estética de Montañés de los retablos de San Leandro y de San Isidoro del Campo, «aunque apartándose de estos para mostrar un mayor naturalismo». «Se representa al santo como mancebo, en su iconografía más habitual, revestido con piel de camello de color buriel, atada a la cintura con cíngulo, con manto rojo, color que recuerda su martirio y que prende del hombro izquierdo sosteniendo el libro con el cordero, símbolo de Cristo y su atributo personal y constante: el Agnus Dei o Cordero Divino», según aclara el Ministerio de Cultura.
Los santos mártires
Asimismo, en esta gran retrospectiva no faltarán otras esculturas pertenecientes a las colecciones del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Estas son las tallas de 'San Pablo Miki' y de 'San Juan Soan de Goto', atribuidas a Juan de Mesa, que junto a la de 'San Diego Kisai', que ha sido vinculada por la crítica especializada al taller de Martínez Montañés, se expusieron por primera vez al público en octubre de 2024 en la muestra 'Mártires del Japón. Tres esculturas recuperadas' tras ser sometidas a un riguroso proceso de restauración. Estas tres obras fueron donadas en 1928 por González Abreu y no se habían mostrado desde hacía más de cincuenta años.
Los técnicos del Bellas Artes justificaron la atribución de 'San Juan Soan de Goto' a Juan de Mesa por el parecido de esta escultura con otras tallas del artista, como la 'Virgen de las Angustias' de Córdoba, también realizada en 1627, año de la beatificación de los mártires. Una similitud que alcanza además al maniquí interior tallado de ambos santos japoneses y de la dolorosa cordobesa, que resultan casi idénticos. En este sentido, cabe recordar que tanto Mesa como Montañés contaban con una amplia trayectoria de encargos promovidos por la Compañía de Jesús para Sevilla y América.
La visión de estas tres tallas articuladas, sin telas sobrepuestas, permite apreciar su sistema constructivo, tan frecuente en el arte barroco y que en la mayoría de las ocasiones queda oculto. Los tres mártires, que llevan el hábito de los jesuitas, presentan brazos articulados en hombros, codos y muñecas dejando claro que irían recubiertos posteriormente con vestidos que, como en el caso de 'San Pablo Miki', cubren la unión artificial de la cabeza al cuerpo o los ensambles de las manos a los brazos.
La exposición seguirá los modelos que se han hecho antes con Montañés o Pedro Roldán, según adelanta Patricia del Pozo
Las tres esculturas de los mártires de Japón proceden de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla y, aunque carecen de fecha, debieron ser encargadas con motivo de la beatificación de los mártires en 1627, acontecimiento que propició su culto público. Los religiosos, nacidos en Japón y convertidos al catolicismo (Pablo Miki, Juan Soan de Goto y el hermano lego Diego Kisai) formaron parte del grupo de 27 cristianos que murieron crucificados en la ciudad japonesa de Nagasaki el 5 de febrero de 1597. Treinta años más tarde de aquel suceso fueron beatificados por el Papa Urbano VIII y, finalmente, declarados santos en el año 1892.
De la etapa de madurez de Juan de Mesa pertenece igualmente la escultura 'San Ramón Nonato' (1626), que forma parte de la colección del Bellas Artes y que procede de la iglesia de San José de Sevilla. Esta pieza policromada y tallada en madera de cedro tiene un tamaño natural, ya que posee una altura de 175 centímetros. El santo aparece representado con el hábito de la Merced Calzada, orden a la que perteneció, con muceta y capelo cardenalicio, portando en su mano izquierda un libro. Fue adquirida por este museo en 1970.
Un conjunto de esculturas que no faltarán tampoco en la muestra de Juan de Mesa serán 'Las cuatro virtudes cardinales'. Se trata de cuatro tallas fechadas en 1618 procedentes también del monasterio de Santa María de las Cuevas de la Cartuja y que representan cuatro virtudes: 'Prudencia', 'Fortaleza', 'Justicia' y 'Templanza'. Estas figuras alegóricas de madera policromada y dorada, originalmente atribuidas a Juan de Solís, decoraban los retablos del coro de la Cartuja de Sevilla y destacan por su estilo clásico, suave modelado y elegante policromía. Miden 80 centímetros de altura cada escultura. Estas obras fueron adquiridas por el museo sevillano tras la desamortización de Mendizábal.
Además, de estas esculturas de los fondos del Museo de Bellas Artes, en una gran retrospectiva sobre Juan de Mesa no deberían faltar obras maestras de este genio como el 'Cristo de la Agonía' (1626), que está en la iglesia de San Pedro en Vergara (Guipúzcoa). Este es el mayor de los crucificados del cordobés y mide más de dos metros de altura. También destaca el 'Cristo de la Buena Muerte' (1621) de la Catedral de la Almudena de Madrid, que se parece mucho al de la hermandad de los Estudiantes de Sevilla. En la capital hispalense y en la provincia hay otras tallas de gran valor, como la 'Cabeza de San Juan Bautista' de la Catedral, el 'San Francisco Javier' de la parroquia del Portaceli o el 'San José y el Niño' de la iglesia de Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, entre otros muchos ejemplos.