Juicio veloz para sentenciar a Julio Iglesias (o, al menos, intentarlo)

Un día nos duró y creo que solo lo vimos Edu Galán, Rocío Delgado, Felipe González y yo. Y como 'DecoMasters' (qué me gustan a mí los 'talent-show' con famosos destalentados) no se estrena hasta el lunes y 'Lo de Évole' (que me hiero para sentirme viva) no se estrena hasta el domingo, me puse más triste que unas navidades en la infancia de Cintora y decidí ver, en diferido, el especial que Telecinco se marcó de urgencia el martes por el escándalo Julio Iglesias. Supongo que saben de lo que hablo: dos mujeres han denunciado al cantante ante la Audiencia Nacional por agresión sexual ocurrida cuando ya calzaba 77 años.

Así que Telecinco olió filón y armó rapidito un especial para hacer sangre. Lo presentaban Beatriz Archidona, que yo no la conocía de nada porque a mí todas las rubias afectadas me parecen la misma (por eso solo reconozco a Marta Flich), y Santi Acosta, que ya le hacía jubilado. Pero no, ahí estaban los dos, preventivamente compungidos porque lo que estaban a punto de contar era muy grave, aunque en realidad todo lo que iban a contar era lo que ya se había contado y más nada. Tan poco era lo que tenían que aportar que tuvieron que desenfocar a dos actrices y representar, sobreactuada e histriónicamente, el momento en el que se suponía daban testimonio las agredidas. Algo así como una reconstrucción, no de los hechos sino del falso momento en el que alguien dice que algo pasó, cuando no tienes ni a ese alguien ni nada a lo que agarrarte.

Este nuevo pintiparado y teatralizado aporte al mundo de la casquería mediática es lo único relevante (y bastante indignante) de todo el programa, si obviamos la lisérgica intervención de Rosa Villacastín, que buscaba su minuto de 'gerontogloria' tratando de polemizar con una Ana Obregón que le dio toda una lección de fina condescendencia al pasar elegantemente de ella y sus provocaciones. Tanto fue así que ni los grititos inducidos del público, devenido en coral teledirigida buscando guerra fueron capaces de alargar la controversia forzada por la antes periodista y ahora activista.

Mucha música intrigante con 'crescendo' dramático, mucha penumbra, mucha afectación, mucho cebo hipertrofiado. Y muy poca imparcialidad. Las invitadas en calidad de conocedoras del artista eran Ana Obregón y Makoke, y los especialistas en plató Carmen Portero (tardé un buen rato en reconocerla), José Antonio León (tuve que buscar en Google quién era), Antonio Rosi (también) y Terelu Campos (esta sí). Casi dos horas después, no nos habían aclarado nada pero todos estaban en 'shock' y nos habían puesto todas las imágenes de archivo en las que Julio Iglesias hacía el truhan, para que no quedara duda de que, toda la vida, ha sido un viejo verde y un mujeriego (que no es delito pero debería, oiga). Si hasta eché de menos a la Flich, a Miró y casi le hago un bízum a Cintora que, si hubiese sido suyo y en La 1 el especial, habría salido lo mismo pero con Sarah Santaolalla.

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